Una niña a la que proteger
Toda mi vida he tenido a alguien encima intentando protegerme. Primero mis padres, como es natural, y ahora mi novio.
La protección de los padres suele extenderse más allá de lo necesario, pues la mayoría de ellos se niegan a asumir que sus hijos han crecido y han de volar solos, lo que supone estrellarse, levantarse, volverse a estrellar, volver a alzar el vuelo y así continuamente. Una vez que se ha superado esta etapa, por parte de ambos (si es que alguna vez se supera) comienzan a verte como a una igual y a sufrir con tus errores y desengaños pero, al fin y al cabo, dejarte hacer. Porque cada uno tiene su vida y la vida se compone de decisiones.
La función de la pareja va más allá de la protección. Es cierto que todos tendemos a proteger a aquel a quien amamos y con el que hemos elegido compartir nuestra vida (o intentarlo, al menos), pero una relación de pareja se establece, en principio, de igual a igual. Por tanto, que uno intente proteger a otro no es síntoma sino de la extrema superioridad de uno de los miembros de la ecuación o de la extrema debilidad del otro. ¿Es este el caso?
No es la primera vez que discuto con mi novio por esto. Soy débil, siempre lo he sido, como todas las personas en algún momento de su vida. Por ello siempre he intentado superarme, aun en los aspectos más insignificantes. Suelo agobiarme entre multitudes y allí siempre está él para socorrerme. Me conozco, sé mis limitaciones, pero si no las supero jamás podré seguir adelante. Su actitud ante esto, en mi opinión, sería apoyarme, ayudarme a superar el bachecito para poder hacer cosas en la vida. Su actitud, sin embargo, es decirme que me quede en casa.
Mis amigas, con su derecho a opinar, y la gente no tan amiga que no tiene demasiado derecho a opinar, me dicen que mi novio tiene que abrir la mente. Aprovechan para decirlo en cualquier ocasión, siempre que les cuento mis peleas con él (que, por otra parte, para eso están), pero yo no creo que ese sea el problema. Supongo que llegará un momento en que deje de verme como un ser al que proteger, como un bebé necesitado de ayuda pero, hasta entonces, ¿qué camino tomar? ¿debo ceder siempre yo y escalar, tan poquito a poco, mi derecho a la libertad, mi derecho a equivocarme, mi derecho a que me apoyen cuando me caiga aunque me hubieran avisado de ello antes?
Mi madre lleva años diciendo lo mismo y hasta ahora no lo ha conseguido. Mi relación cada vez se parece más a la de mis padres. La de mis padres cada vez se parece más a la de mis abuelos. ¿Todas las parejas siguen este camino inexorable?
La protección de los padres suele extenderse más allá de lo necesario, pues la mayoría de ellos se niegan a asumir que sus hijos han crecido y han de volar solos, lo que supone estrellarse, levantarse, volverse a estrellar, volver a alzar el vuelo y así continuamente. Una vez que se ha superado esta etapa, por parte de ambos (si es que alguna vez se supera) comienzan a verte como a una igual y a sufrir con tus errores y desengaños pero, al fin y al cabo, dejarte hacer. Porque cada uno tiene su vida y la vida se compone de decisiones.
La función de la pareja va más allá de la protección. Es cierto que todos tendemos a proteger a aquel a quien amamos y con el que hemos elegido compartir nuestra vida (o intentarlo, al menos), pero una relación de pareja se establece, en principio, de igual a igual. Por tanto, que uno intente proteger a otro no es síntoma sino de la extrema superioridad de uno de los miembros de la ecuación o de la extrema debilidad del otro. ¿Es este el caso?
No es la primera vez que discuto con mi novio por esto. Soy débil, siempre lo he sido, como todas las personas en algún momento de su vida. Por ello siempre he intentado superarme, aun en los aspectos más insignificantes. Suelo agobiarme entre multitudes y allí siempre está él para socorrerme. Me conozco, sé mis limitaciones, pero si no las supero jamás podré seguir adelante. Su actitud ante esto, en mi opinión, sería apoyarme, ayudarme a superar el bachecito para poder hacer cosas en la vida. Su actitud, sin embargo, es decirme que me quede en casa.
Mis amigas, con su derecho a opinar, y la gente no tan amiga que no tiene demasiado derecho a opinar, me dicen que mi novio tiene que abrir la mente. Aprovechan para decirlo en cualquier ocasión, siempre que les cuento mis peleas con él (que, por otra parte, para eso están), pero yo no creo que ese sea el problema. Supongo que llegará un momento en que deje de verme como un ser al que proteger, como un bebé necesitado de ayuda pero, hasta entonces, ¿qué camino tomar? ¿debo ceder siempre yo y escalar, tan poquito a poco, mi derecho a la libertad, mi derecho a equivocarme, mi derecho a que me apoyen cuando me caiga aunque me hubieran avisado de ello antes?
Mi madre lleva años diciendo lo mismo y hasta ahora no lo ha conseguido. Mi relación cada vez se parece más a la de mis padres. La de mis padres cada vez se parece más a la de mis abuelos. ¿Todas las parejas siguen este camino inexorable?
Comentario:
Nada, no se edita la segunda intentona de comentario, será que como su género es masculino se confabula con ellos.
Resumiendo: el que tenga capacidad de entender y de ayudar, que ayude. El que no, que se esté calladito. Pero lo más importante es que entiendan que NOSOTRAS también tenemos corazoncito, y nuestros "asuntos", además de los comunes de la pareja, es decir, somos un ente con vida propia, ¡fíjate tú, qué cosas!
Y por supuesto que el inexorable camino con cualquier parecido es o debe ser inexistente.
Ala, suerte y al toro. Estamos aquí para superarnos día a día. Dificil tarea esa, pero a nosotras nos gustan los retos, ¿verdad?
Resumiendo: el que tenga capacidad de entender y de ayudar, que ayude. El que no, que se esté calladito. Pero lo más importante es que entiendan que NOSOTRAS también tenemos corazoncito, y nuestros "asuntos", además de los comunes de la pareja, es decir, somos un ente con vida propia, ¡fíjate tú, qué cosas!
Y por supuesto que el inexorable camino con cualquier parecido es o debe ser inexistente.
Ala, suerte y al toro. Estamos aquí para superarnos día a día. Dificil tarea esa, pero a nosotras nos gustan los retos, ¿verdad?





