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ALGO DE TODO
Porque no podría centrarme en una sola cosa
Acerca de
Me llamo Patricia y estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual. Los fines de semana trabajo como maquetadora en La Tribuna de Ciudad Real. Podéis escribirme a soylaveraARROBA hotmailPUNTOcom
Sindicación
 
Diario salmantino (II)
Desayuno por todo lo alto: con sus tostaditas con mantequilla y mermelada de ciruela, zumo de naranja natural y hasta jamoncito ibérico cortado finito. Por la mañana hemos vagado por los alrededores del hotel. En el campo de golf habitaban los domingueros, con sus cochecitos pequeños y sus barbacoas. Hemos tomado una cervecita para hacer hora hasta que llegara el momento más esperado de las vacaciones: el masaje.

Vestidos sólo con un albornoz hemos recorrido el hotel, hasta llegar al spa. Nos han metido a cada uno en una habitación y nos han dado un tanguita de papel para que nos pusiéramos cómodos (si es que hacer como que una se viste con un trozo de tela, incomodísimo y que apenas tapaba nada puede parecer cómodo). El primer paso era un masaje exfoliante. Consiste en embadurnarte de crema exfoliante (de esa que parece que tiene arenilla), envolverte como un pollo en un plástico y dejarte quince minutos tostándote en una habitación. Me sentía como un cadáver en un depósito, pero con calor. Después, una duchita y la piel se queda como la seda (y no es una exageración).

El segundo paso es la ducha de chorros. Semidesnuda en una habitación semejante, con sólo dos barras para apoyarse, el agua te va recorriendo, a gran presión, todas las partes del cuerpo. Después se pasa al masaje propiamente dicho. Una habitación a oscuras, con música relajante y unas manos recorriéndote entera. Qué sensación más placentera. Es altamente relajante.

Después del programa revitalizante nos hemos vestido corriendo y hemos puesto rumbo a Salamanca. Hemos comido cerca del centro, en un restaurante llamado Le Sablon (con muy buenos comentarios por internet). Se trataba de un comedor pequeño y andaban faltos de personal, pero la comida ha sido deliciosa. Yo me he tomado un solomillo de avestruz con salsa de higos y mi novio, un solomillo de cerdo ibérico, además de una ensalada. Para beber, un tinto Dehesa La Granja de 2001. Una vez pagada la cuenta, nos esperaba, de postre, la ciudad.

La Plaza Mayor aparecía hoy inmensa, aún con el escenario sin desmontar, y con las terrazas de los bares desplegadas. Hemos tomado un café en el Café Real, que ha resultado un lugar muy atractivo pero con muy poco donde elegir. Hemos caminado por el centro largo rato y hemos montado en uno de esos trenecitos que te enseñan la ciudad en 20 minutos. Salamanca en sí es ya un monumento, pero además tiene la ventaja de que todo está muy cerca y caminando por las preciosas calles peatonales se llega a cualquier parte. La otra gran virtud de esta ciudad (virtud que en tierras manchegas se desconoce por completo) es el respeto al entorno. Me explico: aquí hasta los cajeros automáticos lucen sus letras explicativas con caracteres góticos. Los bares visten sus fachadas de piedra y se esmeran en que la decoración no desentone. Todo, hasta el lugar más moderno, tiene cierto aire medieval que hace pensar, en algún momento, que se ha viajado en el tiempo. Hoy, a los pies de la Catedral Nueva había un extenso mercado medieval, que destacaba con sus colores y olores y, más que nada, por el gentío que lo abarrotaba.

Así las cosas, no hemos parado hasta encontrar el astronauta labrado en uno de los arcos del pórtico de la Catedral Nueva y la ranita sobre la calavera de la fachada de la Universidad. Ha llegado entonces el bajón y, de camino hacia el coche, a eso de las siete de la tarde, hemos entrado en una sidrería llamada Mater Asturias. Qué local más sorprendente. Lo primero que destaca es su decoración minimalista, en tonos verdes ácidos y plagado de botellas de sidra desde el suelo hasta el techo. Cuenta con un grifo que escancia sidra (parecido a los caños de cerveza pero mucho más alto y con forma de serpiente). En algunas paredes lucían espejos con forma de manzana, grandes y perfectos. Los baños eran también un elogio al buen gusto.

Mientras tomábamos nuestros culitos de sidra ha comenzado a llover y, después, a granizar. Todo el mundo se refugiaba en los portales de los edificios y los bares y bajo los soportales de la Plaza Mayor. El suelo pronto se ha cubierto de piedra blanca y las calles inmediatamente se han vaciado de gente. En cuanto ha escampado nos hemos dirigido al coche y hemos vuelto al hotel.

Agotados, hemos comprado unas cervezas y hemos abierto el hornazo que previamente habíamos comprado, prediciendo que esta noche íbamos a tener pocas ganas de marcha. Hemos visto la final del Eurobasket y, como temíamos, ha perdido España (se lo merecía, porque ha jugado fatal, aunque los rusos no lo han hecho mejor). Hemos digerido el disgusto con un café con leche y una cerveza en el bar del hotel, cuyo espectacular hall estaba atestado de jóvenes (procedentes, quizá, de una excursión de fin de carrera). Y aquí nos encontramos ahora, apurando nuestra última noche de vacaciones, organizando las cosas que nos quedan por ver mañana por la mañana y lamentando abandonar una ciudad que nos ha cautivado.
 
Comentario:
Ya tengo una chuleta de todos los garitos, vamos que no pensamos perdernos ni uno, el sábado 13 de Octubre, DM, estamos como un clavo en una de las mesas del Rey Arturo, no faltaba más. Las visitas culturales se enriquecen con los demás placeres de la vida, ¿no te parece?, ya veo que sí te parece.
Besos.
 
Comentario:
Estamos ansiosos por ver las fotos. Cuando puedas cuélgalas en el Space!

Besos y hasta pronto
yo
No