Fascinación tecnológica
Estamos rodeados de objetos electrónicos. Cualquiera tiene un ordenador, una cámara de fotos, un mp3, un móvil y una videoconsola. Estos objetos han entrado a formar parte de nuestra vida cotidiana de tal manera que los diseñadores industriales empiezan a tener muy en cuenta que no sólo se adapten a nuestras necesidades, sino también a nuestra estética. No sólo hablo del afán personalizador de los móviles (melodías, fundas, salvapantallas, juego y un largo etcétera de posibilidades) sino la simple textura de un ordenador, el brillo de su pantalla, las formas redondeadas de las cámaras de fotos... todo está hecho no sólo para que nos sintamos cómodos usándolos, sino también para que forme parte de nuestra capacidad de expresarnos.
Fue Apple quien se lanzó a la carrera por la estética en los equipos informáticos, en la prehistoria del Ipod (la estética por antonomasia). El resto de fabricantes, en comparación, elaboraba diseños poco atractivos, toscos y burdos, mientras los Macs (pequeños, blancos, redondeados, brillantes...) comenzaban a hacer latir el corazón de los usuarios. Ahora, sin embargo, triunfa la estética hasta en los ordenadores del Carrefour.
Los sentidos se abotargan de placer al ver las pantallas planas panorámicas de diecinueve pulgadas, los macrotelevisores de plasma, las impresoras con múltiples pantallas... los ojos se van tras esa preciosidad que es, por ejemplo, el portátil Sony Vaio. Otro elogio a la elegancia es la PlayStation3, ya a las puertas del mercado.
Hasta hace poco, el coche era el único símbolo de estatus que teníamos a nuestro alcance. Desde que aparecieron los teléfonos móviles y continuando con la superoferta de material informático, los elementos estéticos que conforman nuestra identidad, para bien y para mal, están al alcance de cualquiera y, sobre todo, su movilidad (cada vez más pequeños, más planos, más ligeros) permite que podamos exhibirlos más cómodamente que un vehículo. ¿Estamos abocados a la estética por la estética o sólo la contemplaremos dentro de uno de los innumerables focos de placer de nuestra vida? Está por ver...
Fue Apple quien se lanzó a la carrera por la estética en los equipos informáticos, en la prehistoria del Ipod (la estética por antonomasia). El resto de fabricantes, en comparación, elaboraba diseños poco atractivos, toscos y burdos, mientras los Macs (pequeños, blancos, redondeados, brillantes...) comenzaban a hacer latir el corazón de los usuarios. Ahora, sin embargo, triunfa la estética hasta en los ordenadores del Carrefour.
Los sentidos se abotargan de placer al ver las pantallas planas panorámicas de diecinueve pulgadas, los macrotelevisores de plasma, las impresoras con múltiples pantallas... los ojos se van tras esa preciosidad que es, por ejemplo, el portátil Sony Vaio. Otro elogio a la elegancia es la PlayStation3, ya a las puertas del mercado.
Hasta hace poco, el coche era el único símbolo de estatus que teníamos a nuestro alcance. Desde que aparecieron los teléfonos móviles y continuando con la superoferta de material informático, los elementos estéticos que conforman nuestra identidad, para bien y para mal, están al alcance de cualquiera y, sobre todo, su movilidad (cada vez más pequeños, más planos, más ligeros) permite que podamos exhibirlos más cómodamente que un vehículo. ¿Estamos abocados a la estética por la estética o sólo la contemplaremos dentro de uno de los innumerables focos de placer de nuestra vida? Está por ver...





