Gente pa tó
Tras 35 minutos dando vueltas por Ciudad Real, a las 11 de la mañana, en busca de aparcamiento, diviso a lo lejos un precioso hueco entre dos vados donde, por fortuna, se podía aparcar.
Allá me dirijo rauda y veloz y aparco bien pegadita a la acera, para que no estorbara y asegurándome de no estorbar en los vados. En ese momento sale un hombre mayor del portal en el que yo estaba aparcando y me dice que no puedo aparcar ahí.
Yo: ¿Es qué hay raya amarilla y no me he dado cuenta? Aquí se puede aparcar, ¿no?
Él: Sí, pero no puedes aparcar porque me van a traer el gasoil y necesito el sitio.
Yo: Pero aquí puedo aparcar libremente, no es para residentes ni nada.
Él: Pero está en mi finca y no puedes aparcar.
Yo: ¡Ah! ¿Dónde esta el vado que no lo veo?
Él: Es que aquí no puedes aparcar porque necesito yo el sitio para descargar al gasoil.
Yo: Pues el coche se va a quedar aparcado aquí porque no hay otro sitio. Pague usted un vado y podrá utilizar esto como quiera.
Él: Anda, pues págame tú el autobús.
Yo: ¿Y eso qué tiene que ver?
Él: Voy a llamar a la grúa, que lo sepas.
Yo: Llame usted, pero no le van a hacer caso ya que el coche está bien aparcado.
Él: ¡Tienes que quitarlo de aquí o voy a llamar a la grúa!
Yo: Pues es usted un ignorante si piensa que se van a llevar de aquí el coche.
Él: ¡A mí no me llamas ignorante! Lo serás tú, que eres más joven que yo.
Ante tamaño desarrollo de argumentos razonables (léase con ironía) opté por dejar el coche bien colocadito y no retirarlo hasta por la tarde. Eso sí, a mediodía me acerqué a ver si me había roto la luna o pinchado las ruedas, porque ya se sabe que hay gente pa tó.
Allá me dirijo rauda y veloz y aparco bien pegadita a la acera, para que no estorbara y asegurándome de no estorbar en los vados. En ese momento sale un hombre mayor del portal en el que yo estaba aparcando y me dice que no puedo aparcar ahí.
Yo: ¿Es qué hay raya amarilla y no me he dado cuenta? Aquí se puede aparcar, ¿no?
Él: Sí, pero no puedes aparcar porque me van a traer el gasoil y necesito el sitio.
Yo: Pero aquí puedo aparcar libremente, no es para residentes ni nada.
Él: Pero está en mi finca y no puedes aparcar.
Yo: ¡Ah! ¿Dónde esta el vado que no lo veo?
Él: Es que aquí no puedes aparcar porque necesito yo el sitio para descargar al gasoil.
Yo: Pues el coche se va a quedar aparcado aquí porque no hay otro sitio. Pague usted un vado y podrá utilizar esto como quiera.
Él: Anda, pues págame tú el autobús.
Yo: ¿Y eso qué tiene que ver?
Él: Voy a llamar a la grúa, que lo sepas.
Yo: Llame usted, pero no le van a hacer caso ya que el coche está bien aparcado.
Él: ¡Tienes que quitarlo de aquí o voy a llamar a la grúa!
Yo: Pues es usted un ignorante si piensa que se van a llevar de aquí el coche.
Él: ¡A mí no me llamas ignorante! Lo serás tú, que eres más joven que yo.
Ante tamaño desarrollo de argumentos razonables (léase con ironía) opté por dejar el coche bien colocadito y no retirarlo hasta por la tarde. Eso sí, a mediodía me acerqué a ver si me había roto la luna o pinchado las ruedas, porque ya se sabe que hay gente pa tó.
Comentario:
Hola, yo creo que me hubiese liado a hostias con el tipejo ese...pero eso es porque estoy estresada y con ganas de morder a alguien en el cuello cual fiera salvaje.
Un beso muy fuerte
la dama o lo que queda de ella.
Un beso muy fuerte
la dama o lo que queda de ella.





