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ALGO DE TODO
Porque no podría centrarme en una sola cosa
Acerca de
Me llamo Patricia y estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual. Los fines de semana trabajo como maquetadora en La Tribuna de Ciudad Real. Podéis escribirme a soylaveraARROBA hotmailPUNTOcom
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Cosas de casas
Ayer me contaron una historia curiosa. Un chico de unos 23 años se ha ido hace unos días a vivir con su novia y, como no tienen televisión, quiere llevarse de su ex-casa un ordenador que tenía con tarjeta de tv y que había pagado con su dinero. Su madre no le deja pese a que no utiliza tal chisme y la razón en la que se basa es que no tiene nada que poner en esa habitación. Yo le digo: "cómprale un jarrón, que es más barato y hace la misma función". Pero no, la madre quiere que su hijo le compre un ordenador para que esa habitación siga siendo "la habitación del ordenador".

A raíz de esto, mi amiga (su novia) me comenta que hay gente que la ha hecho pasar a casa con bolsas en los pies para no manchar el suelo. Ante esto yo me tiro de los pelos: ¿cómo puede llegar la obsesión por la limpieza tan lejos?

Siempre he dicho lo mismo: las casas son para vivir y para compartirlas con la gente que quieres. Cuando llegue la hora de amueblar mi futura casa quiero que sea un lugar donde cada uno pueda estar a sus anchas, sin buscar posavasos para el cubata ni descalzarse en la cochera antes de entrar. Las casas, como las cosas, son para vivir. Para la exposición están los museos.

En las casas-museos suceden dos cosas:
a) la ornamentación exagerada las hace parecer mausoleos
b) la copia de las revistas de decoración es tan exacta que no sólo parece estar paseando por un catálogo de Ikea (ver El Club de la Lucha) sino que a veces la mezcla es tan discordante que parece que hemos comprado todas las revistas especializadas y hemos hecho un remix.

El resultado de todas esas cosas es una hipoteca para innumerables años (como si las hipotecas no fueran ya eternas por definición) y un montón de chorradas amontonadas a las que quitar el polvo todos los días. El resultado es niño-no-te-subas-al-sillón, haz-solo-los-deberes-mientras-arreglo-la-cocina o lo más habitual ponte-un-rato-la-tele-y-te-estás-quieto. Sobre estas frases archidichas hay muchas variaciones, pero la esencia es la misma.

En resumidas cuentas, espero que dentro de tres o cuatro años siga pensando igual y las revistas de decoración sigan siendo sólo algo orientativo.

No