logotipo

img_google
ALGO DE TODO
Porque no podría centrarme en una sola cosa
Acerca de
Me llamo Patricia y estudio Periodismo y Comunicación Audiovisual. Los fines de semana trabajo como maquetadora en La Tribuna de Ciudad Real. Podéis escribirme a soylaveraARROBA hotmailPUNTOcom
Sindicación
 
Lágrima Mountain
Brockeback Mountain (que pasará a la historia por el sobrenombre de la de los vaqueros gays) trata de cómo dos personas, tras pasar días enteros bebiendo whisky y mirando ovejas, descubren su homosexualidad. Inician entonces una relación que durará el resto de sus vidas.

La película no es una historia de amor en modo alguno, sino una historia de autodestrucción. Una relación hermosa se convierte poco a poco en un nicho cerrado donde cada uno da rienda suelta a lo que es. En una perfecta caracterización de personajes, hay un gay que lo ha asumido y otro que nunca lo asumirá, aunque en su fuero interno abrazará las camisas de su amor cuando se encuentre solo o deprimido.

Brockeback Mountain es una historia de, sobre todo, egoísmo. El personaje de Heath Ledger deja de lado una familia, con una mujer maravillosa y dos hijas pequeñas. Hay escenas buenísimas que debían enarbolar las feministas: por ejemplo, Heath le suelta a las niñas a la madre, que también tiene que ir a trabajar, para irse a pescar con su amiguísimo. De nada sirve la angustia de la madre.

Ang Lee se merece el Óscar y eso que tampoco ha hecho nada del otro mundo. Planos largos, escenas lentas pero muy precisas, arrancando pedazos de realidad para hilvanar toda una vida a lo largo de unos veinte años. Hay escenas que ponen los pelos de punta y otras que aburren soberanamente, pero estoy segura que cualquier director hubiera vendido su alma por rodar algunas tomas con la sensbilidad con la que lo ha hecho Ang Lee.

Película apta para los amantes de la lágrima fácil, como yo que, con todos mis prejuicios frente a una película a la que se le ha dado tantísima publicidad, me he puesto a llorar como una magdalena. Eso sí, no lo he hecho al final (el final es bastante flojo, reconozcámoslo) sino en esas escenas donde la ira y la pasión se confunden y que son, sin duda alguna, lo mejor de la película.
No