Estafadores
Creemos que los ladrones son los que nos roban la cartera o el móvil cuando vamos por la calle o los asaltadores de chalés. Sin embargo, los estafadores verdaderos son los vendedores de automóviles.
Hace dos meses mi novio se compró un Opel Corsa Silverline en Seliauto (Getafe) por algo menos de 11.000 euros. Un mes después (y con sólo dos mil quilómetro) dejó de arrancarle en caliente. De momento el coche ha visitado cuatro veces el taller, los mecánicos han cambiado todas las piezas posibles y el coche sigue fallando. La única opción que vemos, ya que ni siquiera los ingenieros saben lo que le pasa al coche, es que nos lo cambien por uno exactamente igual pero nuevo. Esto ahorraría molestias a mi novio (que lo necesita para el trabajo, por ejemplo) y también a los mecánicos y vendedores, que no dejarían su imagen por los suelos.
Opel se compromete a darte dos años de garantía, lo cual sólo incluye las reparaciones que vean necesarias. En ningún caso devuelven el dinero por la venta de un vehículo en mal estado ni reponen el automóvil. En caso de que el coche sea muy necesario, te ofrecen un vehículo de sustitución (es decir, un coche de alquiler con el que, si se tiene un accidente, las averías corren a cargo del usuario). Si en dos años de continuas estancias en el taller no han conseguido arreglarlo, te quedas con el coche averiado y sin garantía que te cubra los daños. Es decir, si mala suerte hace que el coche salga malo de fábrica por las razones que sean, has pagado casi dos millones de pesetas y tienes un cacharro peor que un coche viejo.
Las palabras textuales del responsable que ha atendido en persona a mi novio han sido: "puedes denunciar, tenemos un montón de denuncias, pero a nosotros nos da igual porque no hay una ley que obligue a ello". Consultas con abogados nos confirman que no podemos hacer nada, que ellos tienen la razón.
¿Qué solución tenemos, aparte de la resignación?
a) pasarlo al comprar un coche nuevo aunque perdamos dinero. El problema es que como esta gama de corsas están dejando de fabricarse, los vendedores de otras marcas de coches no quieren quedárselo. Eso en el supuesto de que no se enteraran de que está en mal estado.
b) venderlo como de segunda mano, dos meses después de comprarlo, sabiendo que estamos estafando a otro particular y perdiendo más o menos seis mil euros.
c) seguir con él y pegarnos una hostia, hablando en plata. La semana pasada se caló en pleno centro de Madrid y no consiguió arrancar hasta pasados quince minutos. Imagínense la felicidad de quienes viajaban detrás.
d) quemarlo y pedirle cuentas al seguro, lo que supone no dormir bien por las noches, riesgo de cárcel y cargo de conciencia por convertirnos a nuestra vez en estafadores.
Ahora os toca el turno a vosotros: opinad libremente, ofrecernos consuelo, ofrecernos cambiarnos el coche o, simplemente, quememos la Opel con todos sus coches dentro (ironía: esto no es apología de la quema de concesionarios).
No pedimos que nos toque la lotería, simplemente que no nos roben el dinero impunemente y con la ley bajo el brazo.
Hace dos meses mi novio se compró un Opel Corsa Silverline en Seliauto (Getafe) por algo menos de 11.000 euros. Un mes después (y con sólo dos mil quilómetro) dejó de arrancarle en caliente. De momento el coche ha visitado cuatro veces el taller, los mecánicos han cambiado todas las piezas posibles y el coche sigue fallando. La única opción que vemos, ya que ni siquiera los ingenieros saben lo que le pasa al coche, es que nos lo cambien por uno exactamente igual pero nuevo. Esto ahorraría molestias a mi novio (que lo necesita para el trabajo, por ejemplo) y también a los mecánicos y vendedores, que no dejarían su imagen por los suelos.
Opel se compromete a darte dos años de garantía, lo cual sólo incluye las reparaciones que vean necesarias. En ningún caso devuelven el dinero por la venta de un vehículo en mal estado ni reponen el automóvil. En caso de que el coche sea muy necesario, te ofrecen un vehículo de sustitución (es decir, un coche de alquiler con el que, si se tiene un accidente, las averías corren a cargo del usuario). Si en dos años de continuas estancias en el taller no han conseguido arreglarlo, te quedas con el coche averiado y sin garantía que te cubra los daños. Es decir, si mala suerte hace que el coche salga malo de fábrica por las razones que sean, has pagado casi dos millones de pesetas y tienes un cacharro peor que un coche viejo.
Las palabras textuales del responsable que ha atendido en persona a mi novio han sido: "puedes denunciar, tenemos un montón de denuncias, pero a nosotros nos da igual porque no hay una ley que obligue a ello". Consultas con abogados nos confirman que no podemos hacer nada, que ellos tienen la razón.
¿Qué solución tenemos, aparte de la resignación?
a) pasarlo al comprar un coche nuevo aunque perdamos dinero. El problema es que como esta gama de corsas están dejando de fabricarse, los vendedores de otras marcas de coches no quieren quedárselo. Eso en el supuesto de que no se enteraran de que está en mal estado.
b) venderlo como de segunda mano, dos meses después de comprarlo, sabiendo que estamos estafando a otro particular y perdiendo más o menos seis mil euros.
c) seguir con él y pegarnos una hostia, hablando en plata. La semana pasada se caló en pleno centro de Madrid y no consiguió arrancar hasta pasados quince minutos. Imagínense la felicidad de quienes viajaban detrás.
d) quemarlo y pedirle cuentas al seguro, lo que supone no dormir bien por las noches, riesgo de cárcel y cargo de conciencia por convertirnos a nuestra vez en estafadores.
Ahora os toca el turno a vosotros: opinad libremente, ofrecernos consuelo, ofrecernos cambiarnos el coche o, simplemente, quememos la Opel con todos sus coches dentro (ironía: esto no es apología de la quema de concesionarios).
No pedimos que nos toque la lotería, simplemente que no nos roben el dinero impunemente y con la ley bajo el brazo.
Las Mujeres Desesperadas también se van de vacaciones
Me declaro fanática de Mujeres Desesperadas, una de las series más maltratadas de los últimos años. ¿En qué se nota que los programadores maltratan una serie?
a) Comienza a las 22 horas en punto: las series mimadas de las cadenas suelen empezar con unos veinte minutos más tarde de la hora indicada, así los anunciantes tienen una audiencia cautiva que presta su mayor atención a los anuncios, aunque sea a la espera de que sea el último.
b) Pocos cortes publicitarios, todos de una duración sensata: todos estamos hartos de las interminables pausas publicitarias. ¡Vea usted Mujeres Desesperadas para no desesperarse! Cuatro pausas de cinco o seis minutos, como mandan los cánones americanos.
c) Constantes cambios de horario: ¿qué más necesita una audiencia para demostrar que es fiel? Apuntarse en la agenda a qué hora y qué día ponen la serie e, incluso, cuántos capítulos vamos a ver. Ahora los dan de dos en dos, para que termine antes. Debo ser de las únicas que casi llora porque la serie va a terminar.
No sé cómo una cadena como La Primera (que no está precisamente para desechar a la audiencia) se comporta de esta manera. Tiene un producto de calidad y no sabe verlo, por algo otros canales contraprograman, aunque no nos demos cuenta. Lo hizo Cuatro al principio con su borde House, pero después fue Mujeres Desesperadas la que dejó de competir, la que se rindió y decidió terminarse cuanto antes para meter cualquier otra idea basura de programadores obtusos.
Mujeres Desesperadas es una de las mejores series que se ha hecho últimamente: personajes sólidos, mezcla equilibrada de drama y humor (un humor bastante ácido), guiones perfectos, incremento gradual de la tensión, tramas reconocibles... Incluso la calidad de grabación es asombrosa. Además, ha creado formato. Ayer vi un ratito Anatomía de Grey y ¡voilà! también está narrada de la misma manera que Mujeres Desesperadas. Ahora me falta averiguar qué fue antes, si la gallina o el huevo.
Por su parte, las actrices se están labrando una buena carrera a raíz de Mujeres Desesperadas (ya que en otros países, gracias a Dios, no las maltratan). Eva Longoria debuta en el cine, como ya lo hizo Felicity Huffman con Transamerica.
No podía dejar de mencionar en este post que acabo de ver Transamerica y, sólo una cosa... ¡debeis verla! Personalmente me encantan las road movies, pero esta tiene además el encanto de Una historia verdadera, de David Lynch, e historias sencillas similares. Como en todas, la carretera es la búsqueda interior y, sobre todo, la búsqueda del entendimiento. Puntos en común tiene, se me ocurre, con Y tú mamá también (película imprescindible). Felicity Huffman se merece algún galardón por su interpretación. pero, chicas, no le quitéis el ojo a Kevin Zegers, yogurín guapísimo con toque de niño malo.
a) Comienza a las 22 horas en punto: las series mimadas de las cadenas suelen empezar con unos veinte minutos más tarde de la hora indicada, así los anunciantes tienen una audiencia cautiva que presta su mayor atención a los anuncios, aunque sea a la espera de que sea el último.
b) Pocos cortes publicitarios, todos de una duración sensata: todos estamos hartos de las interminables pausas publicitarias. ¡Vea usted Mujeres Desesperadas para no desesperarse! Cuatro pausas de cinco o seis minutos, como mandan los cánones americanos.
c) Constantes cambios de horario: ¿qué más necesita una audiencia para demostrar que es fiel? Apuntarse en la agenda a qué hora y qué día ponen la serie e, incluso, cuántos capítulos vamos a ver. Ahora los dan de dos en dos, para que termine antes. Debo ser de las únicas que casi llora porque la serie va a terminar.
No sé cómo una cadena como La Primera (que no está precisamente para desechar a la audiencia) se comporta de esta manera. Tiene un producto de calidad y no sabe verlo, por algo otros canales contraprograman, aunque no nos demos cuenta. Lo hizo Cuatro al principio con su borde House, pero después fue Mujeres Desesperadas la que dejó de competir, la que se rindió y decidió terminarse cuanto antes para meter cualquier otra idea basura de programadores obtusos.
Mujeres Desesperadas es una de las mejores series que se ha hecho últimamente: personajes sólidos, mezcla equilibrada de drama y humor (un humor bastante ácido), guiones perfectos, incremento gradual de la tensión, tramas reconocibles... Incluso la calidad de grabación es asombrosa. Además, ha creado formato. Ayer vi un ratito Anatomía de Grey y ¡voilà! también está narrada de la misma manera que Mujeres Desesperadas. Ahora me falta averiguar qué fue antes, si la gallina o el huevo.
Por su parte, las actrices se están labrando una buena carrera a raíz de Mujeres Desesperadas (ya que en otros países, gracias a Dios, no las maltratan). Eva Longoria debuta en el cine, como ya lo hizo Felicity Huffman con Transamerica.
No podía dejar de mencionar en este post que acabo de ver Transamerica y, sólo una cosa... ¡debeis verla! Personalmente me encantan las road movies, pero esta tiene además el encanto de Una historia verdadera, de David Lynch, e historias sencillas similares. Como en todas, la carretera es la búsqueda interior y, sobre todo, la búsqueda del entendimiento. Puntos en común tiene, se me ocurre, con Y tú mamá también (película imprescindible). Felicity Huffman se merece algún galardón por su interpretación. pero, chicas, no le quitéis el ojo a Kevin Zegers, yogurín guapísimo con toque de niño malo.
¿Quién inventó el pluriempleo?
Lo bueno de estar pluriempleada este verano es que no me queda tiempo de deprimirme y pensar que, por primera vez en la carrera, me ha quedado una asignatura para septiembre. Lo malo es que no me da tiempo ni a buscar los apuntes (y al profesor no le da tiempo a contestarme a un mail de mierda, con perdón).
Lo bueno de estar pluriempleada es que no me da tiempo a preocuparme porque no tengo habitación donde vivir cuando vuelva a Getafe en octubre. Lo malo es que no tengo tiempo de buscar y menos de desplazarme a Madrid a verla.
Lo bueno de estar pluriempleada es que sólo paso por casa para comer, dormir y arreglar el ADSL. Lo malo es que aún tengo tres cajas de la mudanza sin abrir, con todas las cosas importantes que pueden contener tres cajas.
Lo bueno de estar pluriempleada es que no tengo que preocuparme de buscar vacaciones, patearme agencias y recibir e-mails absurdos de vuelos baratos. Lo malo es que por tercer año consecutivo me quedo sin vacaciones de verano.
Lo bueno de estar pluriempleada es que no me da tiempo a echar de menos a mi novio. Lo malo es que tenemos que hacer malabarismos con el horario para vernos e, incluso, para hablar por teléfono.
Lo bueno de estar pluriempleada es que dentro de tres o cuatro años tendré terminada la carrera, amueblaré la casa, me casaré y, quizá entonces, me vaya de vacaciones en verano. Prefiero estar pluriempleada que estar pluriaburrida.
Lo bueno de estar pluriempleada es que no me da tiempo a preocuparme porque no tengo habitación donde vivir cuando vuelva a Getafe en octubre. Lo malo es que no tengo tiempo de buscar y menos de desplazarme a Madrid a verla.
Lo bueno de estar pluriempleada es que sólo paso por casa para comer, dormir y arreglar el ADSL. Lo malo es que aún tengo tres cajas de la mudanza sin abrir, con todas las cosas importantes que pueden contener tres cajas.
Lo bueno de estar pluriempleada es que no tengo que preocuparme de buscar vacaciones, patearme agencias y recibir e-mails absurdos de vuelos baratos. Lo malo es que por tercer año consecutivo me quedo sin vacaciones de verano.
Lo bueno de estar pluriempleada es que no me da tiempo a echar de menos a mi novio. Lo malo es que tenemos que hacer malabarismos con el horario para vernos e, incluso, para hablar por teléfono.
Lo bueno de estar pluriempleada es que dentro de tres o cuatro años tendré terminada la carrera, amueblaré la casa, me casaré y, quizá entonces, me vaya de vacaciones en verano. Prefiero estar pluriempleada que estar pluriaburrida.
De caseros y alquileres
Hace unos días vi un cartel donde un hombre alquilaba una habitación en el piso superior al que él vivía. Como el piso en total salía muy barato, le pregunté si podía alquilárnoslo a mi novio y a mí aunque él no fuera estudiante. Tras varias llamadas y un par de días de pensárselo, el casero me dijo que no porque, en el caso de que cortáramos, a lo mejor yo me iba y él se vería obligado a alquilárselo a otro chico, con el resultado de alquilárselo a quien no quería.
De todos modos, yo alquilé una de las habitaciones del piso, firmé el contrato y pagué la fianza. No me convencía mucho la habitación porque era aún más pequeña de la que yo tenía hasta ahora y sin los muebles adecuados a una estudiante, pero la alquilé para tener algo seguro cuando volviera a Getafe y así no tener que dar muchas vueltas. Ya me he acostumbrado a vivir en cualquier sitio.
El casero, ese mismo día, no paraba de insistir en el tema de los novios. La chica con la que iba a compartir había venido a ver el piso acompañada también de su novio y de su madre, con lo que yo pensé que el tema de si los novios podían venir o no a casa nos correspondía decidirlo a las dos. Viendo que el casero estaba empeñado en el tema, le pregunté directamente qué le parecía que mi novio viniera a comer, a ver una película o a lo que fuera. Sus respuestas fueron ambiguas.
Decidí no darle más importancia al tema. Sin embargo, hace dos días me llamó y me contó la misma película. Esta vez fue rotundo: el novio puede venir a comer algún día, pero hasta la siesta que se la eche en su casa. El casero alega que es por no tener problemas de convivencia y mi opinión es que quién entra o no en casa, dentro del sentido común, lo decidiremos quienes vamos a vivir allí, es decir, mi compañera y yo. El casero añadió además que, si la otra chica me preguntaba algo semejante, que le dijera lo mismo que él me ha dicho a mí.
Entonces analizo la situación: pago 250 euros por una habitación en un piso viejo y compartido en Getafe, donde no hay muebles adecuados para un estudiante y donde el casero pasa de vez en cuando a coger sus trastos. Pueden venir amigos y amigas a mi casa, pero mi novio no. Como él vive abajo, tendré que controlar cuántos minutos pasa mi novio en mi casa, no vaya a ser que piense que vive allí. ¿Qué conclusión he sacado? Que el den por saco, así, abiertamente. Que hay muchas habitaciones en Getafe y aún tengo tiempo de buscar.
A mi ya ex-casera no la he visto en todo el año. Nos comunicábamos, para el pago de las facturas, por mensajes de móviles y poco más. El piso era nuevo, céntrico y a un precio decente y, además, no pagábamos verano y nos lo guardaba para el curso siguiente. Como una de mis compañeras de piso es una sinvergüenza y habíamos llegado a una fase en que nos comunicábamos por post-it, decidimos sortear el piso a ver quién se quedaba el año que viene. Le tocó a ella, la que nunca se había preocupado de pagar una factura, la que no limpiaba nunca y, por supuesto, la que más ensuciaba.
Yo me fui de Getafe antes que ella. Limpié mi habitación y barrí el resto del piso, pero no limpié en profundidad porque ella, con un minuto que esté, ensucia lo mismo que el resto de persona durante una semana. La otra compañera de piso me contó ayer que ella llegó a los dos días sólo para despedirse de la casera y devolverle las llaves y se encontró todo el piso sucísimo, los pelos de la bañera aún sin quitar (diez días llevaban allí cuando yo me fui) y cuatro bolsas de basura. Pese a ello, la sinvergüenza se había ido a su casa para el resto del verano.
Esta chica limpió el piso y se lo dijo a la casera, que nos aclaró que si se lo hubiera encontrado en ese estado nos hubiera quitado parte de la fianza. Entonces nos informó de que la sinvergüenza aún no había firmado contrato para el año siguiente, que había dejado las cosas allí y se había ido a casa y que no había encontrado a la chica que faltaba para alquilar, como había prometido.
Así están las cosas: quien cuida un piso como si fuera suyo se ve en la calle, buscando meterse en cualquier sitio y quien menos se preocupa tiene alojamiento seguro con todas las comodidades. ¿Será que la clave en esta vida es ser mala?
De todos modos, yo alquilé una de las habitaciones del piso, firmé el contrato y pagué la fianza. No me convencía mucho la habitación porque era aún más pequeña de la que yo tenía hasta ahora y sin los muebles adecuados a una estudiante, pero la alquilé para tener algo seguro cuando volviera a Getafe y así no tener que dar muchas vueltas. Ya me he acostumbrado a vivir en cualquier sitio.
El casero, ese mismo día, no paraba de insistir en el tema de los novios. La chica con la que iba a compartir había venido a ver el piso acompañada también de su novio y de su madre, con lo que yo pensé que el tema de si los novios podían venir o no a casa nos correspondía decidirlo a las dos. Viendo que el casero estaba empeñado en el tema, le pregunté directamente qué le parecía que mi novio viniera a comer, a ver una película o a lo que fuera. Sus respuestas fueron ambiguas.
Decidí no darle más importancia al tema. Sin embargo, hace dos días me llamó y me contó la misma película. Esta vez fue rotundo: el novio puede venir a comer algún día, pero hasta la siesta que se la eche en su casa. El casero alega que es por no tener problemas de convivencia y mi opinión es que quién entra o no en casa, dentro del sentido común, lo decidiremos quienes vamos a vivir allí, es decir, mi compañera y yo. El casero añadió además que, si la otra chica me preguntaba algo semejante, que le dijera lo mismo que él me ha dicho a mí.
Entonces analizo la situación: pago 250 euros por una habitación en un piso viejo y compartido en Getafe, donde no hay muebles adecuados para un estudiante y donde el casero pasa de vez en cuando a coger sus trastos. Pueden venir amigos y amigas a mi casa, pero mi novio no. Como él vive abajo, tendré que controlar cuántos minutos pasa mi novio en mi casa, no vaya a ser que piense que vive allí. ¿Qué conclusión he sacado? Que el den por saco, así, abiertamente. Que hay muchas habitaciones en Getafe y aún tengo tiempo de buscar.
A mi ya ex-casera no la he visto en todo el año. Nos comunicábamos, para el pago de las facturas, por mensajes de móviles y poco más. El piso era nuevo, céntrico y a un precio decente y, además, no pagábamos verano y nos lo guardaba para el curso siguiente. Como una de mis compañeras de piso es una sinvergüenza y habíamos llegado a una fase en que nos comunicábamos por post-it, decidimos sortear el piso a ver quién se quedaba el año que viene. Le tocó a ella, la que nunca se había preocupado de pagar una factura, la que no limpiaba nunca y, por supuesto, la que más ensuciaba.
Yo me fui de Getafe antes que ella. Limpié mi habitación y barrí el resto del piso, pero no limpié en profundidad porque ella, con un minuto que esté, ensucia lo mismo que el resto de persona durante una semana. La otra compañera de piso me contó ayer que ella llegó a los dos días sólo para despedirse de la casera y devolverle las llaves y se encontró todo el piso sucísimo, los pelos de la bañera aún sin quitar (diez días llevaban allí cuando yo me fui) y cuatro bolsas de basura. Pese a ello, la sinvergüenza se había ido a su casa para el resto del verano.
Esta chica limpió el piso y se lo dijo a la casera, que nos aclaró que si se lo hubiera encontrado en ese estado nos hubiera quitado parte de la fianza. Entonces nos informó de que la sinvergüenza aún no había firmado contrato para el año siguiente, que había dejado las cosas allí y se había ido a casa y que no había encontrado a la chica que faltaba para alquilar, como había prometido.
Así están las cosas: quien cuida un piso como si fuera suyo se ve en la calle, buscando meterse en cualquier sitio y quien menos se preocupa tiene alojamiento seguro con todas las comodidades. ¿Será que la clave en esta vida es ser mala?





