¡Qué poca importancia damos a lo que decimos!. Y a veces, con una simple palabra, somos capaces de mover el mundo.
Podemos perdernos en la fragosidad de un discurso, en la historia soportada en un libro, en el reportaje de la revista. Cuantas palabras unidas que, tal vez, pronto queden en el olvido.
Y sin embargo otras, uniendo vocal aquí, consonante allá, sin pensarlo, casi sin querer, componemos el más bello verso, la más encendida alabanza, la más comprometida canción.
Basta pronunciarla bajito, casi susurrando, imperceptible al oído pero que al llegar a lo más profundo resuena como un trueno, estalla cual cañonazo…
Quizás fuera el día gris, feo, tonto. Quizás el cansancio, la desazón, la tristeza. Ayer me regalaron una de esas palabras.
Moltes gracies U.!

Por cierto, que soy mala, y borde, coñe! A ver si ahora vas a venir tu y por un momento de estupidez transitoria (porque amor, amor... me da que no va a ser amor esto, eh?) me vas a echar abajo la fama de malosa... De todas maneras, gracias por el comentario, que me ha encantado que, POR FIN, te dignes a dejar algo por allí ;)





