Se busca techo
Cada año 21.900 personas sin hogar son atendidas por los Servicios Sociales en España. El indigente tipo es un varón de casi 40 años, soltero y sin trabajo, que no suele recurrir a los Servicios Sociales para dormir, pero sí para alimentarse. Uno de cada tres no ha probado nunca las drogas ni el alcohol, y cerca de la mitad ha sufrido agresiones alguna vez.
En la pequeña vivienda donde se ubica el Comedor Ave María, situado en pleno centro de Madrid, los envases de mermelada de fresa desbordan una caja de cartón, y los paquetes con briks de leche y los roscones de Reyes que nadie compró en su día, se acumulan por las esquinas. Cualquier rincón del inmueble es bueno para almacenar comida. Encima de la papelera del despacho de Paulino, el responsable del lugar, hay formada una torre con varias cajas de galletas. Bajo una de las mesas, asoman decenas de paquetes de café. El Comedor Ave María es uno de los 41 centros que operan en la Comunidad de Madrid para atender a las personas necesitadas, especialmente a las que no tienen vivienda.
De acuerdo con el segundo estudio presentado por el INE en diciembre sobre el perfil de las personas sin hogar, alrededor de 21.900 personas tienen que ser atendidas por los Servicios Sociales en España porque carecen de vivienda. El 82´7% de ellas son varones, lo que contrasta con la tendencia general de la población, que es en un 50´6% femenina. La edad media del indigente son 37´9 años.
En cuanto a la situación familiar, el grupo más numeroso es el de los solteros. Los que tienen pareja son muy pocos y sólo viven junto a ella un tercio del total. Destaca también el hecho de que casi la mitad de las personas sin techo tengan hijos, aunque sólo una décima parte viva con ellos. Atendiendo a la nacionalidad, la mitad son españoles y la otra mitad extranjeros.
Pañuelos de ingeniero
Sólo el 11´8% de las personas sin hogar tiene trabajo. Entre los parados, la mitad está buscando empleo. Muchos de ellos son inmigrantes, a los que les resulta difícil encontrar un puesto si no tienen papeles. Es el caso de Alexander, ruso de 46 años. Cursaba 3º de Ingeniería Mecánica en la Universidad de Riga hasta el día en que le llamó el Rector para comunicarle que desde aquel momento estaba expulsado de la facultad por luchar de forma activa contra el Comunismo. “A pesar de mis ideas políticas, yo era un buen estudiante”, asegura. Ahora Alexander vive en Madrid y pasa las tardes vendiendo pañuelos de papel en el metro a 50 céntimos el paquete. Los días que el negocio va bien se va a las 8, pero otros debe quedarse hasta las 11 o las 12 de la noche. “Necesito ganar unos 15 euros al día para pagar el albergue donde duermo. No siempre los consigo, pero como ya me conocen me apuntan lo que debo en una lista”.
Los datos del INE revelan que en 2005 el 30% de la población sin hogar era abstemia y nunca había consumido drogas. Cuando se le pregunta a Paulino sobre esta cuestión, responde con contundencia. “Los que vienen aquí son muy respetuosos. No te digo yo que alguna vez venga alguno un poco bebido, pero son los menos. De todas maneras, aquí vienen por la mañana. No sé cómo llegarán algunos a los comedores de la noche”.
Sólo hay un 10% de indigentes que consumen alcohol de forma muy elevada o excesiva. En cuanto a las drogas, Paulino asegura que “la etapa de las drogas acabó hace 8 años”. Según cuenta, aquella fue una época difícil, aunque está convencido de que los drogadictos que venían a su comedor no eran pobres de dinero, sino que sufrían lo que él llama “pobreza de valores”. “No podían comer porque se los gastaban en drogas".
Ojos morados y mantas
Desde que se encuentran sin hogar, casi la mitad de estas personas ha sido insultada o amenazada, robada y en menor medida agredida sexualmente. Paulino cree que estos problemas se dan sobretodo entre los propios indigentes. “Alguna vez sí que les ha pegado algún Skinhead o alguna persona que se los ha encontrado por la calle, pero lo normal es que aparezcan con un ojo morado porque se han peleado con otro indigente para robarle las mantas de dormir, por ejemplo”.
La mayor parte de los centros que atienden a las personas sin hogar se encuentran en municipios con más de 100.000 habitantes y son de titularidad privada. Paulino opina que “las instituciones no ponen los medios necesarios porque se confían, porque saben que hay muchos voluntarios. Pero si cerráramos todos, Madrid se quedaría sin nada”.
En el II Plan Nacional de Acción para la Inclusión Social llevado a cabo por el Ministerio de Trabajos y Asuntos Sociales se propone como objetivo que los ayuntamientos de cada ciudad faciliten de forma gratuita el transporte urbano a los indigentes. Ignacio, revisor de Cercanías en Madrid, afirma tajante que “no, estas personas no pueden subir al tren sin pagar el billete. Si les pillamos y llevan dinero les hacemos pagar, y si no, les pedimos la documentación".
Un hombre mal vestido y despeinado consigue colarse en el tren y se sube a un vagón a las 4 de la tarde. Cuenta en voz alta que necesita dinero porque está enfermo, no puede comer y vive en la calle. Mucha gente le mira. Tras su explicación, se pasea por el pasillo con las manos extendidas esperando alguna moneda. Entonces muchos pasajeros bajan la mirada y cualquier cosa que tengan a mano se vuelve sospechosamente interesante.
Agresión a un mendigo en Bilbao
Cáritas, organización que vela por los indigentes
Reportaje temático por Ana Torres
En la pequeña vivienda donde se ubica el Comedor Ave María, situado en pleno centro de Madrid, los envases de mermelada de fresa desbordan una caja de cartón, y los paquetes con briks de leche y los roscones de Reyes que nadie compró en su día, se acumulan por las esquinas. Cualquier rincón del inmueble es bueno para almacenar comida. Encima de la papelera del despacho de Paulino, el responsable del lugar, hay formada una torre con varias cajas de galletas. Bajo una de las mesas, asoman decenas de paquetes de café. El Comedor Ave María es uno de los 41 centros que operan en la Comunidad de Madrid para atender a las personas necesitadas, especialmente a las que no tienen vivienda.
De acuerdo con el segundo estudio presentado por el INE en diciembre sobre el perfil de las personas sin hogar, alrededor de 21.900 personas tienen que ser atendidas por los Servicios Sociales en España porque carecen de vivienda. El 82´7% de ellas son varones, lo que contrasta con la tendencia general de la población, que es en un 50´6% femenina. La edad media del indigente son 37´9 años. En cuanto a la situación familiar, el grupo más numeroso es el de los solteros. Los que tienen pareja son muy pocos y sólo viven junto a ella un tercio del total. Destaca también el hecho de que casi la mitad de las personas sin techo tengan hijos, aunque sólo una décima parte viva con ellos. Atendiendo a la nacionalidad, la mitad son españoles y la otra mitad extranjeros.
Pañuelos de ingeniero
Sólo el 11´8% de las personas sin hogar tiene trabajo. Entre los parados, la mitad está buscando empleo. Muchos de ellos son inmigrantes, a los que les resulta difícil encontrar un puesto si no tienen papeles. Es el caso de Alexander, ruso de 46 años. Cursaba 3º de Ingeniería Mecánica en la Universidad de Riga hasta el día en que le llamó el Rector para comunicarle que desde aquel momento estaba expulsado de la facultad por luchar de forma activa contra el Comunismo. “A pesar de mis ideas políticas, yo era un buen estudiante”, asegura. Ahora Alexander vive en Madrid y pasa las tardes vendiendo pañuelos de papel en el metro a 50 céntimos el paquete. Los días que el negocio va bien se va a las 8, pero otros debe quedarse hasta las 11 o las 12 de la noche. “Necesito ganar unos 15 euros al día para pagar el albergue donde duermo. No siempre los consigo, pero como ya me conocen me apuntan lo que debo en una lista”.
Ahora Alexander vive en Madrid y pasa
las tardes vendiendo pañuelos de papel
en el metro a 50 céntimos el paquete
las tardes vendiendo pañuelos de papel
en el metro a 50 céntimos el paquete
Los datos del INE revelan que en 2005 el 30% de la población sin hogar era abstemia y nunca había consumido drogas. Cuando se le pregunta a Paulino sobre esta cuestión, responde con contundencia. “Los que vienen aquí son muy respetuosos. No te digo yo que alguna vez venga alguno un poco bebido, pero son los menos. De todas maneras, aquí vienen por la mañana. No sé cómo llegarán algunos a los comedores de la noche”.
Sólo hay un 10% de indigentes que consumen alcohol de forma muy elevada o excesiva. En cuanto a las drogas, Paulino asegura que “la etapa de las drogas acabó hace 8 años”. Según cuenta, aquella fue una época difícil, aunque está convencido de que los drogadictos que venían a su comedor no eran pobres de dinero, sino que sufrían lo que él llama “pobreza de valores”. “No podían comer porque se los gastaban en drogas".
Ojos morados y mantas
Desde que se encuentran sin hogar, casi la mitad de estas personas ha sido insultada o amenazada, robada y en menor medida agredida sexualmente. Paulino cree que estos problemas se dan sobretodo entre los propios indigentes. “Alguna vez sí que les ha pegado algún Skinhead o alguna persona que se los ha encontrado por la calle, pero lo normal es que aparezcan con un ojo morado porque se han peleado con otro indigente para robarle las mantas de dormir, por ejemplo”.
La mayor parte de los centros que atienden a las personas sin hogar se encuentran en municipios con más de 100.000 habitantes y son de titularidad privada. Paulino opina que “las instituciones no ponen los medios necesarios porque se confían, porque saben que hay muchos voluntarios. Pero si cerráramos todos, Madrid se quedaría sin nada”. En el II Plan Nacional de Acción para la Inclusión Social llevado a cabo por el Ministerio de Trabajos y Asuntos Sociales se propone como objetivo que los ayuntamientos de cada ciudad faciliten de forma gratuita el transporte urbano a los indigentes. Ignacio, revisor de Cercanías en Madrid, afirma tajante que “no, estas personas no pueden subir al tren sin pagar el billete. Si les pillamos y llevan dinero les hacemos pagar, y si no, les pedimos la documentación".
Un hombre mal vestido y despeinado consigue colarse en el tren y se sube a un vagón a las 4 de la tarde. Cuenta en voz alta que necesita dinero porque está enfermo, no puede comer y vive en la calle. Mucha gente le mira. Tras su explicación, se pasea por el pasillo con las manos extendidas esperando alguna moneda. Entonces muchos pasajeros bajan la mirada y cualquier cosa que tengan a mano se vuelve sospechosamente interesante.
Agresión a un mendigo en Bilbao
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Reportaje temático por Ana Torres





