Confesiones de una Traductora Silvestre
Londres, Junio gris -para variar-.
Llegas a la oficina ya hasta las narices del mundo, porque resulta que de todas las líneas de metro que tiene Londres, que las llevan empresas diferentes, a ti te toca la borreguerest inter borreguering.
(No... el latín, el inglés y el español no acaban de disolver bien... Suenan a una especie de zumo de galletas con chorizo)
La oficina está justo en frente de la estación, con lo que se hace harto dificil imaginar cómo puedes tardar casi media hora en llegar a la oficina.
Investigas en voz baja.
Los resultados de la investigación antropológica más absurda de la existencia humana son un tanto dispares -y preocupantes-:
Después de un mes, llegas a la conclusión de que es porque hay mucha gente.
Al segundo mes, piensas que quizá es que vas en contradirección, porque igual es que también caminan por la izquierda y tú a esas horas, para qué negárnoslo a estas alturas, nunca sabes por dónde -no con qué- caminas.
Tras otro mes, tus esfuerzos de autointegración social (i.e., caminar por la izquierda) han sido completamente en vano: resulta que hay ciento y la madre de inmigrantes que, como tú, también caminan por la derecha pero que, al contrario que tú, no presentan ni la más microscópica intención de integrarse en ningún sitio. Bien por ellos, y qué tonta eres.
Al cuarto mes, y después de haber sufrido un total de:
dieciocho mil cuatrocientos noventa y nueve codazos (la mayoría propinados por abuelas, sí señor. Como en Barcelona! Nostalgia),
seiscientos treinta y dos pisotones (en sendos pies, ahorrémonos las subdivisiones, que duele igual uno que el otro),
y novecientas siete miradas asesinas (cuando, llena de morados, decidiste que "When in Rome, do as the Romans do" y te hiciste experta en pisotones y placajes )
... Es entonces cuando llegas a la conclusión de que sí, hay demasiada gente y sí, son de países diferentes y no se aclaran mucho, pero la mezcla, esa sensación de estar en medio de un macrorrebaño de cabras montesas sin pastor, esa angustia de no poder desasirte de los olores corporales de la muchedumbre infesta, esa ansiedad por salir a la calle y fumarte un cigarro porque el tabaco, mal que huela, huele mejor que lo que dejas ahí atrás... eso, a ese nivel, es algo que no has experimentado ni en el subway de Nueva York. Y poner a Nueva York como ejemplo en esto son palabras mayores, sin duda. La conclusión más científica, objetiva y ceñida a la realidad del estudio empírico es que el sistema de transporte público Londinense es una mierda. Una mierda, ladies and gents.
Luego, en la calle, más empujones, más pisotones, y llegas a la puerta del edificio donde se encuentra tu oficina, con medio cigarro aún entre los dedos. Decides esperarte en la puerta a acabártelo, porque tú lo vales, y porque el día va a ser larguito (que en inglés se dice little long).
Entonces se autoproduce la silueta inmaculada de una rubia de esas que las piernas le llegan hasta la barbilla, con el top último grito de la colección primavera de Joseph, unos Marc Jacobs tejanos roídos que le habrán costado más que a ti tu ordenador portátil y unos Manolo Blahnik que la tía sin duda no sería capaz de pedir por escrito. Vamos, que por lo menos debe llevar tantos nombres masculinos encima como su cama... o casi.
Se para delante de ti, que vas con un bolso de la misma colección que los zapatos, "Five Pounds", para que hagan juego, pantalones del mítico y archiconocido TESCO y camiseta H&M, te escanea (bastante más rápido que el Canon de tu escritorio. Esta chica es una maravilla, oigan) y sacude la mano delante de la nariz (ambas las suyas, la mano y la nariz, quiero decir. Y más le vale, claro), con una mueca facial de esas de "qué peste haces".
Y tal como se autoprodujo, se desautoproduce detrás de la puerta de la entrada. La tía esta trabaja en el mismo edificio que tú.
Dioses, debe haber corrido al teléfono a concertar cita con alguna compañía contra plagas, para que vengan a aniquilarte. Cómo se te habrá ocurrido pensar que tú, piojosa de mierda, podías compartir edificio con Barbie Fotocopias
Tú, al cabo de tres o cuatro minutos, aún estás plantada delante de la puerta cual avería urbana irreparable, preguntándote si lo que has visto ha sido de verdad o esos charquillos de alcohol remolones que aún te quedan en la sangre te causan alucinaciones.
No. Los Manolo Blahnik serán alucinantes, pero no alucinados.
Te ríes para tus adentros. Manolos, unos zapatos que se llaman Manolo, el colmo del "cool", vamos...
Escribes nota mental para proyecto empresarial: recaudarás dinero y montarás tu propia empresa de bragas, enchufándole algún nombre de huerta tal que "Paca Garte". Total, para el español que entienden los/as vikingos/as... Te vas a forrar.
Con un indiscutible dolor de cabeza (culpa tuya, nadie te ató y te vació el contenido del Pinot blanco garganta abajo la noche anterior), algún moratón que otro (culpa de la British Dysfunctional Population) y más ganas de llorar que otra cosa (culpa de la rubia subnormal que cree que "Respect" es una colonia de Calvin Klein) entras en el edificio, dispuesta a empezar otro día de trabajo serio y adulto como persona seria y adulta...
... Claro que tú nunca has sido ni seria, ni adulta...
Pero eso ya da para el siguiente post.
Llegas a la oficina ya hasta las narices del mundo, porque resulta que de todas las líneas de metro que tiene Londres, que las llevan empresas diferentes, a ti te toca la borreguerest inter borreguering.
(No... el latín, el inglés y el español no acaban de disolver bien... Suenan a una especie de zumo de galletas con chorizo)
La oficina está justo en frente de la estación, con lo que se hace harto dificil imaginar cómo puedes tardar casi media hora en llegar a la oficina.
Investigas en voz baja.
Los resultados de la investigación antropológica más absurda de la existencia humana son un tanto dispares -y preocupantes-:
Después de un mes, llegas a la conclusión de que es porque hay mucha gente.
Al segundo mes, piensas que quizá es que vas en contradirección, porque igual es que también caminan por la izquierda y tú a esas horas, para qué negárnoslo a estas alturas, nunca sabes por dónde -no con qué- caminas.
Tras otro mes, tus esfuerzos de autointegración social (i.e., caminar por la izquierda) han sido completamente en vano: resulta que hay ciento y la madre de inmigrantes que, como tú, también caminan por la derecha pero que, al contrario que tú, no presentan ni la más microscópica intención de integrarse en ningún sitio. Bien por ellos, y qué tonta eres.
Al cuarto mes, y después de haber sufrido un total de:
dieciocho mil cuatrocientos noventa y nueve codazos (la mayoría propinados por abuelas, sí señor. Como en Barcelona! Nostalgia),
seiscientos treinta y dos pisotones (en sendos pies, ahorrémonos las subdivisiones, que duele igual uno que el otro),
y novecientas siete miradas asesinas (cuando, llena de morados, decidiste que "When in Rome, do as the Romans do" y te hiciste experta en pisotones y placajes )
... Es entonces cuando llegas a la conclusión de que sí, hay demasiada gente y sí, son de países diferentes y no se aclaran mucho, pero la mezcla, esa sensación de estar en medio de un macrorrebaño de cabras montesas sin pastor, esa angustia de no poder desasirte de los olores corporales de la muchedumbre infesta, esa ansiedad por salir a la calle y fumarte un cigarro porque el tabaco, mal que huela, huele mejor que lo que dejas ahí atrás... eso, a ese nivel, es algo que no has experimentado ni en el subway de Nueva York. Y poner a Nueva York como ejemplo en esto son palabras mayores, sin duda. La conclusión más científica, objetiva y ceñida a la realidad del estudio empírico es que el sistema de transporte público Londinense es una mierda. Una mierda, ladies and gents.
Luego, en la calle, más empujones, más pisotones, y llegas a la puerta del edificio donde se encuentra tu oficina, con medio cigarro aún entre los dedos. Decides esperarte en la puerta a acabártelo, porque tú lo vales, y porque el día va a ser larguito (que en inglés se dice little long).
Entonces se autoproduce la silueta inmaculada de una rubia de esas que las piernas le llegan hasta la barbilla, con el top último grito de la colección primavera de Joseph, unos Marc Jacobs tejanos roídos que le habrán costado más que a ti tu ordenador portátil y unos Manolo Blahnik que la tía sin duda no sería capaz de pedir por escrito. Vamos, que por lo menos debe llevar tantos nombres masculinos encima como su cama... o casi.
Se para delante de ti, que vas con un bolso de la misma colección que los zapatos, "Five Pounds", para que hagan juego, pantalones del mítico y archiconocido TESCO y camiseta H&M, te escanea (bastante más rápido que el Canon de tu escritorio. Esta chica es una maravilla, oigan) y sacude la mano delante de la nariz (ambas las suyas, la mano y la nariz, quiero decir. Y más le vale, claro), con una mueca facial de esas de "qué peste haces".
Y tal como se autoprodujo, se desautoproduce detrás de la puerta de la entrada. La tía esta trabaja en el mismo edificio que tú.
Dioses, debe haber corrido al teléfono a concertar cita con alguna compañía contra plagas, para que vengan a aniquilarte. Cómo se te habrá ocurrido pensar que tú, piojosa de mierda, podías compartir edificio con Barbie Fotocopias
Tú, al cabo de tres o cuatro minutos, aún estás plantada delante de la puerta cual avería urbana irreparable, preguntándote si lo que has visto ha sido de verdad o esos charquillos de alcohol remolones que aún te quedan en la sangre te causan alucinaciones.
No. Los Manolo Blahnik serán alucinantes, pero no alucinados.
Te ríes para tus adentros. Manolos, unos zapatos que se llaman Manolo, el colmo del "cool", vamos...
Escribes nota mental para proyecto empresarial: recaudarás dinero y montarás tu propia empresa de bragas, enchufándole algún nombre de huerta tal que "Paca Garte". Total, para el español que entienden los/as vikingos/as... Te vas a forrar.
Con un indiscutible dolor de cabeza (culpa tuya, nadie te ató y te vació el contenido del Pinot blanco garganta abajo la noche anterior), algún moratón que otro (culpa de la British Dysfunctional Population) y más ganas de llorar que otra cosa (culpa de la rubia subnormal que cree que "Respect" es una colonia de Calvin Klein) entras en el edificio, dispuesta a empezar otro día de trabajo serio y adulto como persona seria y adulta...
... Claro que tú nunca has sido ni seria, ni adulta...
Pero eso ya da para el siguiente post.
Comentario:
Bueno, que ajetreo....he llegado molido. Mañana te leo con calma :)
Comentario:
vale, deja de quitarme las ganas de ir a londres! xD
que horror, es casi como entrar en mi colegio, con las millas, y años de distacia pero con las mismas rubias estupidas.
Que diversion
bss!
que horror, es casi como entrar en mi colegio, con las millas, y años de distacia pero con las mismas rubias estupidas.
Que diversion
bss!
Comentario:
Pues ayer mismo salí un ratito del despacho a la calle, y no pude por menos de maravillarme de la vista tan hermosa que hay allí, y la sensación de paz dentro del bullicio de la ciudad. Te tengo que poner una foto, cuando la saque. No es por darte envidia, es para que veas que me paro a admirar lo que tengo a mi alrededor, para cuando no lo tenga que no se diga que no lo supe apreciar. A veces pienso que es demasiado bueno para ser verdad. En fin, ya sabes que cambié el chip hace poco y ahora me dedico a vivir ;)
Comentario:
jajaja! bueno, piensa que despues de tantos pisotones, codazos etc seras indestructible!!
Aunque sea un caos, me imagino que ha de ser muy bonito vivir en un ambiente " tan meclado "
besos
Aunque sea un caos, me imagino que ha de ser muy bonito vivir en un ambiente " tan meclado "
besos





