Cartografía erótica II.
Deliberadamente iré dejando el gorro cónico de la maga para los últimos episodios de esta serie, la quinta esquina, donde residen los espejos.
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Los vértices de una estrella. Parte 1ª (tus pies).
Hoy me acerco desde la hierba, como una serpiente amable que quisiera enroscarse a tus tobillos, como Luzbel antes del destierro, para ir mojando tu piel con la neblina del deseo.
Son tus pies las gotas que llueven desde tu mundo a mi país, cuando caminas sin intención y distraída en el zoco, dejando que los aromas de las especias o los rumores de las telas guíen tu extravío.
Son tus pies las baquetas que hacen del salón un escenario y levantan el antiguo espíritu de motorista que me habita, entre ala y ala, y el redoble me incita a deslizar mis manos falda arriba y derramar mi mirada hacia tus tacones.
No pueden ser tus pies aquellos de largos dedos angulosos y pulgares casi prénsiles, como los nativos de las islas Andamán, al oriente del golfo de Bengala. No son esos primitivos pies de ave rapaz que afean las sandalias, ni esos otros oprimidos, como pies de anciana china, fracturados por capricho. No son esclavos de modas borgoñonas y medievales, ni esos arcos tortuosos que disparan flechas contra la estética. Ni tiene tus pies esos dedos de espátula, de ranita, de maza o de manopla.
La cultura los ha sometido (vuelvo a China) a torturas, a devaneos con el absurdo, porque no aceptamos que nos señalen con el dedo... del pie. De mal gusto en Oriente. Como todo lo que estropeamos. Hay que regresar a la pureza de lo natural, pero sin dejar la elevación de una estética en equilibrio por el camino.
Sólo en esencia, tan sencillos y amistosos como los pies de un Hobbit, amantes de la campiña, descalzos y libres. Pero tan delicados como un cristal de Swarovski. Cuidados como Egipto mimaba la piel de sus doncellas y sacerdotes.
Tus pies son flores de loto en la corriente, que te traen hasta mí, que se extravían por los caminos con alevosía, que rematan cumbres nevadas y pierden la cuenta de las calles de París o los adoquines de un pueblo dormido en los siglos, que en las aceras se ríen con nocturnidad y alegría.
Bombean cansancio al llegar a casa, embutidos en cuero, y los baño como un carpintero palestino. Pies helados de mujer que se acurrucan en mi jersey, entre mis piernas bajo las sábanas, o que se derriten en mi boca por el aliento que te adora, para calentarse.
Pies breves, de seda y mármol al sol en el empeine, de guijarros en el tobillo, de chocolate blanco en las yemas de tus deditos. Pies de trigo de agosto. Aprenderé por ti reflexología esperando que tu aprendas masajes thais para hacer crujir mis vértebras con ellos.
Les regalas libertad en la hierba, descalzos, o entre la arena y las olas del mar, posados en un puf de Marrakech o en mi lengua traviesa.
Asoman en sandalias ibicencas, bajo la mesa, oscilan en el aire, piernas cruzadas, juguetones como el tic tac de una bomba de relojería a punto de estallarme en el pecho. Se doran en largas caminatas por la playa. Se visten de tacones como si fueran lencería podal, y a ti te encanta, sumergirte en botines que acarician la piel y la vista y rasgan el bolsillo. Cintas que serpentean por tus tobillos, todo como una sonrisa sin abrirse o una mirada sin moverse.
Tobillos para abarcarlos con mis manos, al quitarte los zapatos o al sujetarte mientras nos mezclamos a embestidas y jadeos, cara a cara. Basamento de los pilares de tu templo, de mi altar, firmes, firmes, porque, Amor mío, lo que más me hace adorar tus pies, es la manera en que pareces utilizarlos con desdén, nadie sabría decir si deliberada o inocentemente... para caminar. Los adoro porque te traen a mí.
Al acercarte no flotas, no te contoneas, no avanzas en línea recta, no andas, en realidad. Cuando vienes, te me regalas, simplemente.
Los vértices de una estrella. Parte 1ª (tus pies).
Hoy me acerco desde la hierba, como una serpiente amable que quisiera enroscarse a tus tobillos, como Luzbel antes del destierro, para ir mojando tu piel con la neblina del deseo.
Son tus pies las gotas que llueven desde tu mundo a mi país, cuando caminas sin intención y distraída en el zoco, dejando que los aromas de las especias o los rumores de las telas guíen tu extravío.
Son tus pies las baquetas que hacen del salón un escenario y levantan el antiguo espíritu de motorista que me habita, entre ala y ala, y el redoble me incita a deslizar mis manos falda arriba y derramar mi mirada hacia tus tacones.
No pueden ser tus pies aquellos de largos dedos angulosos y pulgares casi prénsiles, como los nativos de las islas Andamán, al oriente del golfo de Bengala. No son esos primitivos pies de ave rapaz que afean las sandalias, ni esos otros oprimidos, como pies de anciana china, fracturados por capricho. No son esclavos de modas borgoñonas y medievales, ni esos arcos tortuosos que disparan flechas contra la estética. Ni tiene tus pies esos dedos de espátula, de ranita, de maza o de manopla.
La cultura los ha sometido (vuelvo a China) a torturas, a devaneos con el absurdo, porque no aceptamos que nos señalen con el dedo... del pie. De mal gusto en Oriente. Como todo lo que estropeamos. Hay que regresar a la pureza de lo natural, pero sin dejar la elevación de una estética en equilibrio por el camino.
Sólo en esencia, tan sencillos y amistosos como los pies de un Hobbit, amantes de la campiña, descalzos y libres. Pero tan delicados como un cristal de Swarovski. Cuidados como Egipto mimaba la piel de sus doncellas y sacerdotes.
Tus pies son flores de loto en la corriente, que te traen hasta mí, que se extravían por los caminos con alevosía, que rematan cumbres nevadas y pierden la cuenta de las calles de París o los adoquines de un pueblo dormido en los siglos, que en las aceras se ríen con nocturnidad y alegría.
Bombean cansancio al llegar a casa, embutidos en cuero, y los baño como un carpintero palestino. Pies helados de mujer que se acurrucan en mi jersey, entre mis piernas bajo las sábanas, o que se derriten en mi boca por el aliento que te adora, para calentarse.
Pies breves, de seda y mármol al sol en el empeine, de guijarros en el tobillo, de chocolate blanco en las yemas de tus deditos. Pies de trigo de agosto. Aprenderé por ti reflexología esperando que tu aprendas masajes thais para hacer crujir mis vértebras con ellos.
Les regalas libertad en la hierba, descalzos, o entre la arena y las olas del mar, posados en un puf de Marrakech o en mi lengua traviesa.
Asoman en sandalias ibicencas, bajo la mesa, oscilan en el aire, piernas cruzadas, juguetones como el tic tac de una bomba de relojería a punto de estallarme en el pecho. Se doran en largas caminatas por la playa. Se visten de tacones como si fueran lencería podal, y a ti te encanta, sumergirte en botines que acarician la piel y la vista y rasgan el bolsillo. Cintas que serpentean por tus tobillos, todo como una sonrisa sin abrirse o una mirada sin moverse.
Tobillos para abarcarlos con mis manos, al quitarte los zapatos o al sujetarte mientras nos mezclamos a embestidas y jadeos, cara a cara. Basamento de los pilares de tu templo, de mi altar, firmes, firmes, porque, Amor mío, lo que más me hace adorar tus pies, es la manera en que pareces utilizarlos con desdén, nadie sabría decir si deliberada o inocentemente... para caminar. Los adoro porque te traen a mí.
Al acercarte no flotas, no te contoneas, no avanzas en línea recta, no andas, en realidad. Cuando vienes, te me regalas, simplemente.
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Es bello tu mensaje.
He recordado una pelicula, más bien una escena en el que el protagonista le besa los pies a la chica, y es el erotismo más sobresaliente que he visto.
Muchos saludos y un abrazo.
He recordado una pelicula, más bien una escena en el que el protagonista le besa los pies a la chica, y es el erotismo más sobresaliente que he visto.
Muchos saludos y un abrazo.
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Lo que más me gusta de tus pies es verlos caminar hacia mi.
Espero impaciente la tercera entrega.
Tus letras estos días tienen otro sabor, otro color, otro aroma...y tu sabes que yo me alegro mucho de eso.
Mil besos.
Espero impaciente la tercera entrega.
Tus letras estos días tienen otro sabor, otro color, otro aroma...y tu sabes que yo me alegro mucho de eso.
Mil besos.
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Me acabo de poner al día Bellver, y espero impaciente la continuación ;)
Un beso
Un beso
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Los pies son un elemento altamente erótico en muchas culturas y para muchas personas.
Yo, sin duda, me quedo con mi masajista de pies antes que con cualquier otra. ;-)
Saludos.
Yo, sin duda, me quedo con mi masajista de pies antes que con cualquier otra. ;-)
Saludos.
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Sergi,
Ahora, justo ahora, ni antes y desconozco si después, tengo la sensación de que necesito escribir lo que he sentido al leerte… pero me cuesta.
Nunca me han gustado los pies. Ni los míos ni los de nadie. Rompo con esta afirmación la línea de los comments, pero es lo que hay. Nunca me gustaron hasta que… alguien se cruzó en mi camino. Cuando Amas, cuando Amas de Verdad, lo Amas todo de la otra persona, cada centímetro de su piel, cada recoveco, cada poro escondido. Amas incluso lo que jamás habías amado antes. Y lo haces como si de un altar sagrado se tratase.
Me ocurrió lo mismo con las axilas. No creo que sean ninguno de los cinco vértices de tu estrella, pero quería dejar constancia aquí de ellas.
Sergi, escribes mejor cada día. Leerte es como deslizarse entre nubes de algodón. Estoy con Ardi: el listón está alto y ardemos en deseos de que profundices en los repollos, si se tercia, claro.
Besos voladores ;-)
Pd: Para leerte sí que hace falta un extintor…
Ppd: Yo también me he quedado atascada, en el mejor de los sentidos, en ese “te me regalas”. Diossss…
+pd: Dije azul marino, pero no maticé el tono: como el del fondo del mar un día soleado de otoño. O invierno.
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Los pies! Finalmente alguien se ha dignado a hecerles justicia!! Mi querido Sergi, veo, por los comentarios que te han dejado, cómo mucha gente se pierde de una de las partes más sensibles del cuerpo. Yo también soy fanática de los pies y me encanta besarlos, acariciarlos, morderlos...en fin (para descripciones, mejor no ensucio tus hermosas palabras de hoy). También me encanta acariciar con los míos. Pero además de toooodo esto y las maravillas que has descrito, también creo que son el símbolo de la fortaleza que nos sostiene, que nos lleva y que trae a las personas "por su propio pie" a nuestras vidas. Un gran abrazo desde el otro lado del oceano.
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Exquita descripción de una parte de la antomía tan olvidada.
Siempre me gustó la importancia que Neruda otorga a los pies en su poema "Tus pies", creo que tras leer tu palabras... el genio Neruda se queda corto.
Aquí os la pongo:
Tus pies
Cuando no puedo mirar tu cara
miro tus pies.
Tus pies de hueso arqueado,
tus pequeños pies duros.
Yo se' que te sostienen,
y que tu dulce peso
sobre ellos se levanta.
Tu cintura y tus pechos,
la duplicada purpura
de tus pezones,
la caja de tus ojos
que recien han volado,
tu ancha boca de fruta,
tu cabellera roja,
pequeña torre mia.
Pero no amo tus pies
sino porque anduvieron
sobre la tierra y sobre
el viento y sobre el agua,
hasta que me encontraron.
Siempre me gustó la importancia que Neruda otorga a los pies en su poema "Tus pies", creo que tras leer tu palabras... el genio Neruda se queda corto.
Aquí os la pongo:
Tus pies
Cuando no puedo mirar tu cara
miro tus pies.
Tus pies de hueso arqueado,
tus pequeños pies duros.
Yo se' que te sostienen,
y que tu dulce peso
sobre ellos se levanta.
Tu cintura y tus pechos,
la duplicada purpura
de tus pezones,
la caja de tus ojos
que recien han volado,
tu ancha boca de fruta,
tu cabellera roja,
pequeña torre mia.
Pero no amo tus pies
sino porque anduvieron
sobre la tierra y sobre
el viento y sobre el agua,
hasta que me encontraron.
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Es curioso. Nunca he amado unos pies. De la rodilla para abajo mi concepto de cuerpo erótico se disipa. Pero sé que ni es así en otras culturas, ni lo es para muchas personas, en la nuestra. Miedo me da, si comienzas con esas extremidades de modo tan sugestivo, que prosigas tu aproximación desde la periferia hasta el corazón del deseo. Por no hablar de repollos y melocotones ;-)
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Hay que querer mucho a alguien para amar sus pies.
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he estado pensando en que escribir pero la verdad hasta hoy no se me ha ocurrido nada que no sea simplemente decirte que es hermosa la forma en que describes los pies de ella tu amada a la que esperas y la que seguramenet esperara por ti en algun lugar magico y escondido para el ojo humano
y que solo descubrira tu corazon cuando la veas ola sientas o la huelas se que sera asi
un beso chaoo
y que solo descubrira tu corazon cuando la veas ola sientas o la huelas se que sera asi
un beso chaoo
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Sergi, creo que mejor no digo nada... pero algo tenía que decir.
Y los pies, bien empleados, dan mucho juego.
Espero la continuación.
Y los pies, bien empleados, dan mucho juego.
Espero la continuación.
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Pies libres de hobbit...jijijij por lo tanto planos!!! esto...me has dejado realmente con la boca abierta, por el buen gusto en lo narrado e incluso en lo deseado, por lo que dices y como lo dices, y lo de la reflexologia...leches que gustirrinín...
Te dejo un beso, grande grande,sencillo y humilde...en tu corazón. Muá
Te dejo un beso, grande grande,sencillo y humilde...en tu corazón. Muá
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" porqué te traen a mí".
hermoso.
hermoso.
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La verdad que los pies no es algo que se vea muy poetico para escribir... pero tu has echo de los pies algo maravilloso lleno de sentimiento y sensualidad... precioso sigue asi!
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Sergi. no tengo palabras para describir lo que siento al leer tu hermosa narracion. en lugar, tengo mis ojos llenos de lagrimas de emocion y de esperanza para que el dia que lo conozca a EL, pueda yo caminar con pasos firmes hasta alcanzar sus brazos.
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Uffff, impresionante!
Es una de las partes que menos juego suele dar, tanto en la vida real, como en la literatura, pero lo has bordado.
Ya estoy impaciente por leer los demás textos.
besos
Es una de las partes que menos juego suele dar, tanto en la vida real, como en la literatura, pero lo has bordado.
Ya estoy impaciente por leer los demás textos.
besos
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"Te me regalas, simplemente"
Te me regalas, simplemente, te me regalas, simplemente, te me regalas, simplemente, te me...
Simplemente.
Tal vez sea eso: la simpleza, la naturalidad del acto (suicida) de darse lo que nos atrae (y asusta) del amor.
Muy subyugante tu serie, Sergi.
Por favor, no pares.
Saf ;-))
Te me regalas, simplemente, te me regalas, simplemente, te me regalas, simplemente, te me...
Simplemente.
Tal vez sea eso: la simpleza, la naturalidad del acto (suicida) de darse lo que nos atrae (y asusta) del amor.
Muy subyugante tu serie, Sergi.
Por favor, no pares.
Saf ;-))
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Me gusta como escribes.














