Boceto para otra carta.
Dos apuntes (¿rápidos? imposible, con este Sergi...) previos a mi locura diaria, uno, que lo de la Lista de Correos basta así, tal cual, con mi nombre y apellido, "Lista de Correos" o "Poste Restante" para los no-hispanohablantes, "Madrid" (y "España", si se tercia). Resulta que sólo hay una Lista para todo Madrid, así que mucho mejor si os acordáis del código postal (28070), pero no es estrictamente necesario. Sólo que puede tardar un poco más en llegar.
Y el otro inciso, es, sencillamente, que lo mejor de haber iniciado esta andadura, hace cuatro meses (por cierto, llevo gastado un megabite por mes... creo que escribo demasiado... me quedan seis, duraré hasta Febrero...), está resultando ser el descubriros a vosotros. No soy ni seré (no sirvo para las "masas") la bitácora más leída, pero creo poder afirmar que tengo y disfruto a los lectores más especiales (y en algunos casos espaciales), y no es por haceros la pelota, es simplemente la impresión que uno tiene al leer vuestras estelas aquí, vuestros propios diarios virtuales (cuando los tenéis) o vuestros correos... cómo sentís las cosas, os implicáis y sabéis mirar un poquito más allá. No digo que este espacio sea como "La 2" de la tele y otros sean puro "Tele 5", pero a veces se me pasa esa tontería por la cabeza... Bien, simplemente, gracias, gràcies, eskerrik asko, thanks, merci, bedankt, Danke Schön, Spasiba, domo arigato, etc etc...
¡Ah! por cierto, para responder a todo el mundo, ya que me lo comentáis algunos: cada vez que se tercie, podéis enlazar mi página en la vuestra siempre que lo deseéis, no hay ningún problema, me estáis haciendo un favor al facilitar que otras personas recalen en esta playa, así que adelante.
De mañana al viernes colgaré uno de mis cuentos más largos, por capítulos (tres), para no saturaros.
pd: para Chema C.B., sí, tú, hidalgo donde los haya, si no te importa que no tenga un puñetero euro, espero que nos veamos pronto, ahora que las terrazas aún dominan las aceras en Madrid y no pueden incordiarte con humos de tabaco.
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(del "Epistolario para una desconocida", cartas imaginarias, ficiticias, pero más reales que la tierra y los huesos. Cartas premonitorias):
"Hola, Amor.
No da tiempo a que pueda enviarte esta carta, mañana voy a buscarte al aeropuerto, aunque ahora no lo sepas y creas que tendré trabajo, que he de ver a mi editor, que he de llevarle las correcciones. Me encantará ver tu sonrisa mientras ladeas la cabecita y me regañas con poca fe, justo antes de darme el cielo al pasar tus brazos por mi espalda.
Seguramente esta será la segunda sorpresa, cuando deslice en el coche este sobre en tu bolso, y no lo descubras hasta que subas a casa y yo ya me haya alejado por la avenida, sin tráfico a esas horas, disfrutando del asfalto, los paisajes sonoros de Coldplay y el eco de tu perfume en el asiento.
Tan sólo quiero decirte algo, algo que me ha acompañado en estas dos semanas que me ha faltado amanecer pegado a tu nuca.
No te he echado de menos a ti, porque te llevo conmigo, porque estoy a tu alrededor como un fantasma amable, porque es en mi pecho donde se queja con voz grave el agua cada vez que la vida agita tu cántaro, allá donde estés.
Pero he extrañado terriblemente la sensación de antesala de la sorpresa cada vez que me miras un segundo antes de decirme algo, me ha faltado como el aire ese vértigo que me zarandea cada vez que te quedas mirando mis labios por un instante, justo antes de besarme. Los poros de mi piel están felices porque vuelves pronto, para llenarlos de ti.
Por fin encontré el foulard de seda y hay crema de chocolate negro en la nevera. La noche de mañana eres mía, serás mi plato de postre acabado y yo tu niño goloso y hambriento. No me digas que es de mala educación lamer los platos, porque contigo pierdo la compostura, la vergüenza y el sentido.
Que descanses..."
Y el otro inciso, es, sencillamente, que lo mejor de haber iniciado esta andadura, hace cuatro meses (por cierto, llevo gastado un megabite por mes... creo que escribo demasiado... me quedan seis, duraré hasta Febrero...), está resultando ser el descubriros a vosotros. No soy ni seré (no sirvo para las "masas") la bitácora más leída, pero creo poder afirmar que tengo y disfruto a los lectores más especiales (y en algunos casos espaciales), y no es por haceros la pelota, es simplemente la impresión que uno tiene al leer vuestras estelas aquí, vuestros propios diarios virtuales (cuando los tenéis) o vuestros correos... cómo sentís las cosas, os implicáis y sabéis mirar un poquito más allá. No digo que este espacio sea como "La 2" de la tele y otros sean puro "Tele 5", pero a veces se me pasa esa tontería por la cabeza... Bien, simplemente, gracias, gràcies, eskerrik asko, thanks, merci, bedankt, Danke Schön, Spasiba, domo arigato, etc etc...
¡Ah! por cierto, para responder a todo el mundo, ya que me lo comentáis algunos: cada vez que se tercie, podéis enlazar mi página en la vuestra siempre que lo deseéis, no hay ningún problema, me estáis haciendo un favor al facilitar que otras personas recalen en esta playa, así que adelante.
De mañana al viernes colgaré uno de mis cuentos más largos, por capítulos (tres), para no saturaros.
pd: para Chema C.B., sí, tú, hidalgo donde los haya, si no te importa que no tenga un puñetero euro, espero que nos veamos pronto, ahora que las terrazas aún dominan las aceras en Madrid y no pueden incordiarte con humos de tabaco.
Boceto para otra carta.
(del "Epistolario para una desconocida", cartas imaginarias, ficiticias, pero más reales que la tierra y los huesos. Cartas premonitorias):
"Hola, Amor.
No da tiempo a que pueda enviarte esta carta, mañana voy a buscarte al aeropuerto, aunque ahora no lo sepas y creas que tendré trabajo, que he de ver a mi editor, que he de llevarle las correcciones. Me encantará ver tu sonrisa mientras ladeas la cabecita y me regañas con poca fe, justo antes de darme el cielo al pasar tus brazos por mi espalda.
Seguramente esta será la segunda sorpresa, cuando deslice en el coche este sobre en tu bolso, y no lo descubras hasta que subas a casa y yo ya me haya alejado por la avenida, sin tráfico a esas horas, disfrutando del asfalto, los paisajes sonoros de Coldplay y el eco de tu perfume en el asiento.
Tan sólo quiero decirte algo, algo que me ha acompañado en estas dos semanas que me ha faltado amanecer pegado a tu nuca.
No te he echado de menos a ti, porque te llevo conmigo, porque estoy a tu alrededor como un fantasma amable, porque es en mi pecho donde se queja con voz grave el agua cada vez que la vida agita tu cántaro, allá donde estés.
Pero he extrañado terriblemente la sensación de antesala de la sorpresa cada vez que me miras un segundo antes de decirme algo, me ha faltado como el aire ese vértigo que me zarandea cada vez que te quedas mirando mis labios por un instante, justo antes de besarme. Los poros de mi piel están felices porque vuelves pronto, para llenarlos de ti.
Por fin encontré el foulard de seda y hay crema de chocolate negro en la nevera. La noche de mañana eres mía, serás mi plato de postre acabado y yo tu niño goloso y hambriento. No me digas que es de mala educación lamer los platos, porque contigo pierdo la compostura, la vergüenza y el sentido.
Que descanses..."
Nos lo perdimos, sí, tú también.
El rebaño de nubes rezagadas ya se difuminaba entre el ocaso y la noche, y aún algunas gotas de lluvia seguían bailando claqué sobre las hojas de los árboles. Al día siguiente el sol ya pintaba jirones de luz en el lecho del bosque, pero aún olía la madera a tormenta.
Como rastro efímero que deja una cantimplora perforada en el camino reseco, así percibí tu esencia, la misma en esos puntos húmedos sobre el polvo que en lo más profundo del océano, la misma en cada río y cada aguacero. Pero tú puede que nunca sepas en realidad de la mía, si no miras atrás, si no te preocupa donde van a parar tus gotas, las que caen con ritmo desde agujeritos en el fondo de tus ojos.
No voy a seguirte, porque a pesar de ocultarse a mi razón el motivo de todo esto, uno no puede perseguir rastros esquivos ni huellas en la arena mojada de una playa. Todo el mundo sabe que enseguida se las llevan las olas.
Como rastro efímero que deja una cantimplora perforada en el camino reseco, así percibí tu esencia, la misma en esos puntos húmedos sobre el polvo que en lo más profundo del océano, la misma en cada río y cada aguacero. Pero tú puede que nunca sepas en realidad de la mía, si no miras atrás, si no te preocupa donde van a parar tus gotas, las que caen con ritmo desde agujeritos en el fondo de tus ojos.
No voy a seguirte, porque a pesar de ocultarse a mi razón el motivo de todo esto, uno no puede perseguir rastros esquivos ni huellas en la arena mojada de una playa. Todo el mundo sabe que enseguida se las llevan las olas.
De puño y letra...

La Lista de Correos o el Poste Restante, que es como se llama en casi todos los países, es un servicio gratuito (gratuito que te reciban y te guarden esa correspondencia, pero enviar la carta no, ¡¡¡hay que ponerle sello!!! ;-P ) que te ofrecen las oficinas de Correos, es muy sencillo y no requiere hacer un pago para disponer de un apartado de correos con tu llavecita durante un año ni nada de eso. Lo usan los viajeros (cada vez menos, es cierto, por la expansión de internet), fundamentalmente, cuando saben que van a estar un tiempo determinado (aunque sea sólo pasar unos días) en un lugar, y te avisan por si quieres mandarles algo por adelantado. Tan sólo es necesario escribir el nombre y apellido del destinatario, que es lo único que le pedirán en ventanilla para recogerlo, que se acredite con su carnet de identidad, etc.
Bueno, pues simplemente se me ocurrió el otro día en el metro... que para aquellos, como yo, que aún amamos los detalles, tener la posibilidad de intercambiar unas letras (o cualquier cosa que se te ocurra, excepto cartas-bomba y polvos extraños tipo anthrax, por favor) es siempre un placer.
Ya sé que si da pereza escribir un correo electrónico, imagínate una carta, por muy cortita que sea (podéis enviar, y eso me encantaría, postales, de vuestro terruño, con un simple saludito, pero así compartir conmigo los paisajes que véis a diario, o aquellos que os marcaron en un viaje, o precisamente mandar un abrazo desde cualquier rincón del globo, cuando estéis de vacaciones y lejos de casa y del ordenador). Yo contestaré siempre, aunque de los plazos no me hago responsable... a mi amiga de Chile le tardan siglos...
En fin, os dejo con mi nombre (ya no es ningún secreto a estas alturas, ¿no?) las señas tal y como debéis escribirlas en el sobre/postal/paquete o lo que sea:
Lista de Correos Central
28070 Madrid
España
Si escribís remite, mucho mejor porque la carta no se pierde, ¡y puedo contestaros! y si no, poned sólo vuestro nombre y primer apellido (o también el segundo si os llamáis "Juan García ", por si acaso) y otra dirección de Lista de Correos o Poste Restante, de vuestra ciudad o vuestro barrio (la oficina que tengáis más cerca, la que yo he puesto es la central, la de Cibeles), pero eso sí ¡¡siempre con el código postal!!
En fin, y si no os apetece escribir ni mandar nada... al menos ya os he dado la idea a los que no la conociérais, para cuando queráis comunicaros con seres queridos que anden por el mundo haciendo el titiritero. A mí me ha ido bien.
Espero que os esté cundiendo el fin de semana. Y espero que alguien, aunque sólo fuera una persona, se anime a recuperar la artesanía de la comunicación palpable...
Ella existe. La vi ayer (es broma).

Porque sí. Me apetecía mostrar, aunque la imagen no sea la más nítida y definida del mundo, mi pulsera de plata tuareg. Va por Kaveri. Ya sabes, vista de cerca se distinguiría la figura de un rombo, como formado por dos “W”, una invertida junto a la otra, un amuleto de protección contra la…. contra la ausencia de “baraka”, por decirlo así. Otro día colgaré algunas fotos de mi viaje a Marruecos, y, por supuesto, mis impresiones (esas otras “fotos” grabadas en película de carne y hueso, o para hoy en día, grabadas en el disco duro personal… que construyen al final el verdadero viaje en nuestro interior).
Tengo un día extraño. Hoy no quiero inundaros de mis devaneos poéticos ni de mis emociones desbocadas. Hoy es un día sencillo. Tan sólo quiero comentar que ayer fui al cine (me invitaron, cómo no… estoy empezando a aceptar que la gente me eche una mano, porque odio, detesto, aborrezco sentirme gorrón, pero tienen razón los amigos que me recuerdan que en su día yo hice lo mismo, ser un manirroto cuando de repartir sonrisas se trataba. Puñetero y asqueroso dinero). Vimos “Cazadores de mentes”, un thriller con un toque casi casi gore al estilo de “Identidad”, pero mezclado con "Seven". No estuvo mal, no pasará a la historia del séptimo arte, pero al menos y a pesar de un par de licencias discutibles en el guión, entretiene, que ya es algo. Eso sí, dos apuntes: no voy a contar nada, por los que queráis ir a verla, pero sólo decir que Christian Slater se apuntó a esa película sólo por la corta escena de la ducha con una chica (fijo…), y que en el personaje de esa chica (luego me extiendo), han puesto una guindita al final, en pro de la liga mundial antitabaco… o eso parece.
Pero no quiero ser hipócrita, lo mejor de “Cazadores de mentes”, sin el más mínimo atisbo de duda, es un redescubrimiento… la encarnación de mi “Pocahontas” particular, esa que tengo en mi cabeza: Patricia Velásquez. Tanta belleza me da vértigo… A ver si me desconcentré y no me enteré mucho de la película… buscándola en los planos. Me temo que sí. Ex-modelo, venezolana… cómo no, de mi quinta (1971) y además un ser hermoso también de piel para dentro. Y si no, pinchad aquí y leed esto. Y luego dicen que la belleza es subjetiva… Desde aquí, Patricia, te pido formalmente matrimonio eterno (y que lo diga yo, espíritu libre donde los haya, tiene tela… claro que apuesto cualquier cosa a que ya tienes a alguien… si es que todas las diosas ya tienen sus apolos, no hay ni una libre… ;-P ).
En fin, lo dicho, un día tontito… Por cierto, este fin de semana os voy a proponer algo a todos desde este espacio, le estuve dando vueltas anoche y creo que es una bonita idea. Sé de antemano que pocos se apuntarán, pero a veces una sola persona es todo un mundo. Ya valdría la pena por eso. Ya os contaré. Feliz fin de semana a todos menos a uno, un octogenario que se hacía el senil para librarse de sus responsabilidades. Justicia (tan manca, ciega e insuficiente la de los hombres) para Chile.
pd: para los que sintáis curiosidad, la foto del bosque de ayer, es de La Gomera, la isla canaria. Maravillosa.
A veces te extraño, K.
Juegos a media tarde en unas vacaciones para olvidar, hace... buff, diecisiete años ya. Un perro con porte felino se presta a mis perrerías y luego nos regalamos carantoñas. Como gato también me encerraba en mi rincón y le escupía a la cara al mundo, ese traidor que había tirado a la basura los sueños y las querencias sencillas de un chaval de quince años. Pero después venía mi pequeño tigre albino enano, único ejemplar en el mundo, y con su alegría me borraba las telarañas de los ojos.
Los celos y la soberbia pueden afirmar una intuición, asentar una apostasía, una deserción. Y entonces mi amigo de cuatro patas y dos caras desapareció, o lo desaparecieron. Y ese día me apagué un poco más, ese día fui un poco menos niño, pero ese es otro tema.
Mi perro guapo, míralo, si parecía un rey de Bengala. Era un trasto, pequeñajo y gruñón, y a mí que me gustaban los perros grandes, atléticos y solares. Pero le quería un montón. Tal vez en su cielo para perros siga rabiando cuando le toquen el hueso del cocido y regalando caricias a alguien cuando le note triste.
La noche anterior al día que se lo llevaron sin avisarme, parecía más triste y buenecito que nunca. A veces era un gremlin verde y malhumorado, pero ese día era más gremlin bueno y peluche que nunca. Seguro que lo sabía. Mi amigo era como un gato tibetano o egipcio, seguro que lo sabía...
Los celos y la soberbia pueden afirmar una intuición, asentar una apostasía, una deserción. Y entonces mi amigo de cuatro patas y dos caras desapareció, o lo desaparecieron. Y ese día me apagué un poco más, ese día fui un poco menos niño, pero ese es otro tema.
Mi perro guapo, míralo, si parecía un rey de Bengala. Era un trasto, pequeñajo y gruñón, y a mí que me gustaban los perros grandes, atléticos y solares. Pero le quería un montón. Tal vez en su cielo para perros siga rabiando cuando le toquen el hueso del cocido y regalando caricias a alguien cuando le note triste.
La noche anterior al día que se lo llevaron sin avisarme, parecía más triste y buenecito que nunca. A veces era un gremlin verde y malhumorado, pero ese día era más gremlin bueno y peluche que nunca. Seguro que lo sabía. Mi amigo era como un gato tibetano o egipcio, seguro que lo sabía...
Palabras inducidas.
Tengo varias ideas en la cabeza, poco tiempo y escasas facilidades para conectarme. Ojalá no fuese así, claro que entonces os saturaría... así que a lo mejor es bueno tener que sintetizar y elegir.
Me vinieron dos instantáneas sin flash a la mente estos días por indagar (en el poquito tiempo que dispongo para ello) en otros "logs" ("bitácora", "diario de a bordo" -y también, curiosamente, "tronco"- en inglés va sin la "b", pero los llamamos así por lo de "weblog", supongo, así queda más "B"irtual ;-P ).
Algo sobre un erizo que espantaba a los amigos con sus púas me recordó a un impulso que escribí en el Retiro hace meses en mi cuaderno marrón de tapas blandas, ese portátil de anticuario que llevo casi siempre en el bolsillo.
Y algo sobre perros y gatos me animó a colgar las fotos de mi querido compañero... desaparecido en combate en la mitad de mis años. Eso lo haré mañana. Vayamos por partes...
---------------
Soy un cactus.
¿Cómo se sentiría el único cactus de un desierto? ¿O qué tal si rodeado de decenas de cactus de la misma especie, pero bajo su gruesa piel reseca y cetrina, bajo las raíces de sus espinas, pensara que es diferente? ¿Y cómo se sentiría el único cactus en el corazón oscuro y húmedo de una selva?
Así a veces permanezco, clavado en una tierra agrietada, solitario, doblando hacia dentro las púas cuando se acerca una mano para tocarme, intentando resultar suave al tacto. Así me clavo las púas en la carne blanquecina, con tal de ser amable al roce.
Un cactus estúpido de brazos alzados, como los de Baja California, mientras el destino le atraca. La bolsa o la vida. Tenga usted las dos, que no sirven de nada, y buen viaje, rufián.
¿Cómo se sentiría un cactus en lo más profundo del desierto, un cactus repleto de agua de lluvia en su corazón de pulpa, si viera pasar a bocas sedientas, despellejadas por el sol y el azote ardiente del harmatán, bocas que pasan de largo, huyendo de mis espinas y de su propia odisea , y sin saber que con el machetazo de una mirada me abrirían en dos y saciarían su sed? ¿Cómo, este cactus absurdo, perplejo y extraño, podría hacerle entender al viajero extraviado y al náufrago en un mar de dunas (y dudas), que no se agotaría mi savia si me abriera la carne, que multiplico mis venas al darme, que me adueño del paisaje y tiendo un velo de sombra fresca, y del vacío arranco un oasis?
Comienzo a secarme, a marchitarme, y así me convertiré en un nido de leños, en polvo, para desaparecer de este desierto al primer golpe de viento . Demasiado tarde tal vez para una viajera intrépida y sus brillantes machetes.
Me vinieron dos instantáneas sin flash a la mente estos días por indagar (en el poquito tiempo que dispongo para ello) en otros "logs" ("bitácora", "diario de a bordo" -y también, curiosamente, "tronco"- en inglés va sin la "b", pero los llamamos así por lo de "weblog", supongo, así queda más "B"irtual ;-P ).
Algo sobre un erizo que espantaba a los amigos con sus púas me recordó a un impulso que escribí en el Retiro hace meses en mi cuaderno marrón de tapas blandas, ese portátil de anticuario que llevo casi siempre en el bolsillo.
Y algo sobre perros y gatos me animó a colgar las fotos de mi querido compañero... desaparecido en combate en la mitad de mis años. Eso lo haré mañana. Vayamos por partes...
¿Cómo se sentiría el único cactus de un desierto? ¿O qué tal si rodeado de decenas de cactus de la misma especie, pero bajo su gruesa piel reseca y cetrina, bajo las raíces de sus espinas, pensara que es diferente? ¿Y cómo se sentiría el único cactus en el corazón oscuro y húmedo de una selva?
Así a veces permanezco, clavado en una tierra agrietada, solitario, doblando hacia dentro las púas cuando se acerca una mano para tocarme, intentando resultar suave al tacto. Así me clavo las púas en la carne blanquecina, con tal de ser amable al roce.
Un cactus estúpido de brazos alzados, como los de Baja California, mientras el destino le atraca. La bolsa o la vida. Tenga usted las dos, que no sirven de nada, y buen viaje, rufián.
¿Cómo se sentiría un cactus en lo más profundo del desierto, un cactus repleto de agua de lluvia en su corazón de pulpa, si viera pasar a bocas sedientas, despellejadas por el sol y el azote ardiente del harmatán, bocas que pasan de largo, huyendo de mis espinas y de su propia odisea , y sin saber que con el machetazo de una mirada me abrirían en dos y saciarían su sed? ¿Cómo, este cactus absurdo, perplejo y extraño, podría hacerle entender al viajero extraviado y al náufrago en un mar de dunas (y dudas), que no se agotaría mi savia si me abriera la carne, que multiplico mis venas al darme, que me adueño del paisaje y tiendo un velo de sombra fresca, y del vacío arranco un oasis?
Comienzo a secarme, a marchitarme, y así me convertiré en un nido de leños, en polvo, para desaparecer de este desierto al primer golpe de viento . Demasiado tarde tal vez para una viajera intrépida y sus brillantes machetes.
Fogonazos.
(No colgué nada aquí estos días, porque estaba demasiado iracundo y dolido, por ver a mis amistades iracundas y dolidas. Y no quería, me negaba a hablar más, ayer o anteayer, de "política". ¿Cómo es posible que hayan salido menos votos que firmas obtuvieron en su día los partidarios del "SÍ" en Venezuela? Dos amigas mías dicen que el fraude podía estar en las mismas urnas "electrónicas", volcando los resultados, y contando un "No" por cada "Sí" y viceversa... Ayer sentí algo horrible, por ser capaz de sentir algo así, cuando vi a verdadera escoria humana empuñando pistolas y merodeando con ellas en sus motos, disparando a la gente, desencantada y herida gente venezolana. Jodido mundo...
Mi estado de ánimo tiene que ver con todo eso, sí, pero también con otras cosas, mucho más egoístas e intransferibles, lo siento por aquellos de vosotros que estéis de buen humor, pero hoy no es un buen día para leerme... Hoy no tengo el ánimo para daros los buenos días como el viernes... lo siento).
Inconexos, viscerales, lloviendo desde nubes pasajeras, siempre pasajeras y nunca inquilinas.
Destellos, reflejos, fantasmas esquivos que dejan un eco de cadenas y lamentos, o tal vez de burlas y risas.
No lo sé, no oigo bien, no vislumbro apenas las formas tras la neblina.
Estoy confuso, camino a tientas, el sotobosque me araña las piernas, la bruma me hiela los pulmones y tapa mis oídos, sólo una respiración sorda y espesa, sólo la ropa mojada frotándose en mis muslos al avanzar.
Escribo sin pensar, sin medir, ahora mis dedos son los tentáculos de un pulpo gigante y viscoso, desde una fosa abisal, desde el infierno marino, el pozo del fin del mundo, un monstruo de leyenda que aposenta su cabeza en mis entrañas.
Fogonazos, rayos de una tormenta eterna que violan la piel del mar y eyaculan su rabia luminosa en el útero de ese océano oscuro.
Estoy infinitamente cansado. Como el lecho de un mar muerto plagado de pecios y naufragios, como la sábana lisa de un mar sin olas por el que flotan cadáveres hinchados de olvido, de nostalgia, de impotencia, de desesperanza.
Cansado de esta torpe carcasa, de este errático camino, de estas corrientes lúgubres que me arrastran hacia los acantilados.
Dejarme llevar, renunciando a la carne y estrellarme contra las rocas, divina liberación, mi triste barco hecho añicos.
Estoy hecho de luz, lo sé, estoy hecho de sombras, lo noto, estoy hecho a medias, imperfecto, basto e ineficaz, lo sufro. Hoy escribo sin filtrar mis gotas con el tamiz de la mente, hoy sólo me derramo. Y no, no ha pasado nada, no ha sucedido nada, ningún accidente, ningún contratiempo, ninguna desgracia. Pero tal vez por eso hoy estoy infinitamente cansado, más que nunca, porque no sucede nada.
La modestia es hipocresía zalamera vestida de bondad barata. La humildad es sabiduría. Soy humilde, no me domina la soberbia, pero me niego a ser modesto. Y el caso es que estoy cansado, muy cansado. Un albatros debe volar, planear sobre el horizonte, cabalgar el viento, sustentarse del océano y regresar a su isla amada, tanto como su libertad. Y yo ahora no tengo ni la una ni la otra. Soy un jodido y torpe albatros en una jaula, en una ventana vieja, en una ciudad gris. Y yo no sé cantar ni comer alpiste. Y me consumo, y me marchito, y me apago.
Parece que se hundiera en una edad oscura y remota la última vez que sentí la vida correr por mis venas y rizar las plumas de mis alas como un viento de levante. Veces de varios colores, cuando viajé, cuando escribí, cuando quise, cuando amé, cuando compartí, veces como la última que abracé despacio otra alma de albatros vestida de mujer, la última que se apretaron dos corazones en un abrazo.
La primera vez que abrazas desnudo a la mujer que quieres, y lo haces despacio, y cierras los ojos, y las pieles tibias se besan, y en la espalda del otro susurran los brazos roces, susurran refugios y abrigos… el sentimiento puede ser más profundo que el primer orgasmo.
Más profundo que el pozo de esta fosa abisal que ahora me envuelve, gélida y sin luz. Más profundo, sí, porque llega al corazón de la tierra y se funde en el ardiente magma, prometiendo un nuevo sol, algún día, algún día, algún jodido día…
Espero que no me pille irremediablemente cansado de todo, ese día, porque estoy empezando a rasgar los pocos retales de paciencia que logré reunir con el tiempo...
Mi estado de ánimo tiene que ver con todo eso, sí, pero también con otras cosas, mucho más egoístas e intransferibles, lo siento por aquellos de vosotros que estéis de buen humor, pero hoy no es un buen día para leerme... Hoy no tengo el ánimo para daros los buenos días como el viernes... lo siento).
Fogonazos
Inconexos, viscerales, lloviendo desde nubes pasajeras, siempre pasajeras y nunca inquilinas.
Destellos, reflejos, fantasmas esquivos que dejan un eco de cadenas y lamentos, o tal vez de burlas y risas.
No lo sé, no oigo bien, no vislumbro apenas las formas tras la neblina.
Estoy confuso, camino a tientas, el sotobosque me araña las piernas, la bruma me hiela los pulmones y tapa mis oídos, sólo una respiración sorda y espesa, sólo la ropa mojada frotándose en mis muslos al avanzar.
Escribo sin pensar, sin medir, ahora mis dedos son los tentáculos de un pulpo gigante y viscoso, desde una fosa abisal, desde el infierno marino, el pozo del fin del mundo, un monstruo de leyenda que aposenta su cabeza en mis entrañas.
Fogonazos, rayos de una tormenta eterna que violan la piel del mar y eyaculan su rabia luminosa en el útero de ese océano oscuro.
Estoy infinitamente cansado. Como el lecho de un mar muerto plagado de pecios y naufragios, como la sábana lisa de un mar sin olas por el que flotan cadáveres hinchados de olvido, de nostalgia, de impotencia, de desesperanza.
Cansado de esta torpe carcasa, de este errático camino, de estas corrientes lúgubres que me arrastran hacia los acantilados.
Dejarme llevar, renunciando a la carne y estrellarme contra las rocas, divina liberación, mi triste barco hecho añicos.
Estoy hecho de luz, lo sé, estoy hecho de sombras, lo noto, estoy hecho a medias, imperfecto, basto e ineficaz, lo sufro. Hoy escribo sin filtrar mis gotas con el tamiz de la mente, hoy sólo me derramo. Y no, no ha pasado nada, no ha sucedido nada, ningún accidente, ningún contratiempo, ninguna desgracia. Pero tal vez por eso hoy estoy infinitamente cansado, más que nunca, porque no sucede nada.
La modestia es hipocresía zalamera vestida de bondad barata. La humildad es sabiduría. Soy humilde, no me domina la soberbia, pero me niego a ser modesto. Y el caso es que estoy cansado, muy cansado. Un albatros debe volar, planear sobre el horizonte, cabalgar el viento, sustentarse del océano y regresar a su isla amada, tanto como su libertad. Y yo ahora no tengo ni la una ni la otra. Soy un jodido y torpe albatros en una jaula, en una ventana vieja, en una ciudad gris. Y yo no sé cantar ni comer alpiste. Y me consumo, y me marchito, y me apago.
Parece que se hundiera en una edad oscura y remota la última vez que sentí la vida correr por mis venas y rizar las plumas de mis alas como un viento de levante. Veces de varios colores, cuando viajé, cuando escribí, cuando quise, cuando amé, cuando compartí, veces como la última que abracé despacio otra alma de albatros vestida de mujer, la última que se apretaron dos corazones en un abrazo.
La primera vez que abrazas desnudo a la mujer que quieres, y lo haces despacio, y cierras los ojos, y las pieles tibias se besan, y en la espalda del otro susurran los brazos roces, susurran refugios y abrigos… el sentimiento puede ser más profundo que el primer orgasmo.
Más profundo que el pozo de esta fosa abisal que ahora me envuelve, gélida y sin luz. Más profundo, sí, porque llega al corazón de la tierra y se funde en el ardiente magma, prometiendo un nuevo sol, algún día, algún día, algún jodido día…
Espero que no me pille irremediablemente cansado de todo, ese día, porque estoy empezando a rasgar los pocos retales de paciencia que logré reunir con el tiempo...
Venezuela.
Maravillosa y doliente Venezuela. Mañana es un día importante para ese país. Para ese país desbaratado, generoso y pasional. Mañana decidirán los venezolanos su futuro inmediato.
¿Quiere usted que Hugo Chávez abandone la presidencia? ¿Qué dirán el lunes las noticias?
Los que dirán NO, teñidos de rojo, asalariados de paternalismo, ebrios de revancha, seguirán creyendo en ídolos con los pies de barro, seguirán en el rebaño.
Los que dirán SÍ, creerán que la vida del país dará un vuelco, después de haber visto como se iba desmoronando, que todo empezará de cero, que la esperanza de vivir en una tierra próspera por fin se hará realidad, paso a paso, a partir de mañana.
Chávez intentó primero asaltar el poder, y fracasó. Después jugó al ajedrez con la desesperanza y el hastío de la gente ante la corrupción y las desigualdades y con un jaque mate demagogo se hizo con la presidencia en las urnas. Lícito, sí, legal, sí, pero tanto o tan poco como en tantas otras partes del globo.
No sé por qué, pero me siento satisfecho de haber votado por correo estas últimas elecciones generales españolas, de haberlo hecho antes del 11M, y así saber que nada de lo sucedido influyó en mi decisión, así saber que hice repaso de cuatro años y actué según mi conciencia.
Cada vez me asquea más la política. Sobre todo la querencia enfermiza de los políticos por el sillón. Sobre todo el coorporativismo ciego e injusto. Que unos y otros abran la bocaza para apoyar a alguien sólo por el color de su brazalete, ¿eres rojo o azul? Que unos y otros destripen la carroña sin reparar en la comitiva que, alucinada, termina por mirar al otro lado en el cementerio.
Prismas azules que lamen traseros poderosos y hacen la vista gorda ante las tropelías de sus amos. Prismas rojos que justifican la opresión del pueblo por el pueblo para ¿liberar? al pueblo. Me asquea el que alguien sea capaz de justificar el bloqueo estadounidense a Cuba, y el que no se rasgue las vestiduras con la nueva medida del puñetero arbusto ("Bush") de separar a las familias cubanas. Me da náuseas todo aquél que hace distinciones entre una tiranía azul o roja, porque Castro castra libertades. La gente en Cuba sufre los dos bandos. Y aquí aún hay antiguallas que apoyan desde la cómoda distancia a tiranos como Castro o Chávez, sólo porque son de "su" color. A nadie o casi nadie nos gusta la actitud y la prepotencia del gobierno "yankee", pero pasarse al otro lado sin denunciar otras injusticias, no es, por lo menos, ético.
Ayer se lo decía a una persona con la que me siento más afín de lo que nunca sabrá, y hoy viene de nuevo a cuento: Kafka decía que las revoluciones (como torrentes), dejan siempre con el tiempo un limo de burocracia.
Chávez se saca de la chistera un espíritu "bolivariano" que no le pertenece y una revolución a lo cubano que le viene como una camisa tres tallas más grande. Chávez dijo que quería unir a los venezolanos cuando se presentó a las elecciones, y están más divididos que nunca; dijo que acabaría con la corrupción, y sólo sustituyó la de los pudientes por la de los arribistas. Pero si hasta mucha gente sumida en la pobreza, ahora aún más que antes, se ha arrepentido de haberle votado...
Lo más triste de todo es que pase lo que pase mañana (yo abogo por el SÍ, y no sólo porque es la postura de todas mis amistades venezolanas, en el país y en el extranjero -buscándose una vida mejor-, sino sobre todo porque creo que es el mal menor, que la continuidad sería desastrosa para el país), no sé hasta qué punto van a cambiar las cosas.
Chávez ha jurado que si pierde, se va. Pero sólo por esta vez, porque regresará. Y seguirán las amenazas, las extorsiones, aunque no sea desde el poder. Seguirá Chávez buscando su trono y su programa de la tele (digno del rancio "Noche de fiesta" en España...).
No sé hasta qué punto van a cambiar las cosas, aunque sea el mal menor, aunque sea necesario que Chávez abandone el poder. No lo sé, porque ese tipo no es el único culpable. Sí, ahora las cosas están peor que nunca, pero que Venezuela, un país hermoso, con un potencial turístico alucinante que va mucho más allá de las playas de Margarita o los Roques, con una gente maravillosa, mezcla de sangres y de talantes, y sobre todo, un país rico, quinto exportador mundial de petróleo... que un país que debería ser poco menos que el paraíso en la tierra, esté como está ahora, no es sólo culpa de Chávez... son muchas décadas de corrupción, de la cultura de la codicia y de malbaratar las posibilidades de un pueblo.
Va a hacer falta mucho más que echar a Chávez para arreglar todo eso. Aunque sea necesario ese primer paso.
A los gringos y al gobierno cubano les importáis un bledo, sólo van a pelearse por vuestro petróleo. Así han sido desde siempre las cosas. ¿O alguien se cree que lo de Irak ha sido por algún otro motivo...?
Que mañana sea un día chévere para todos vosotros, mis queridos venezolanos, y mis mejores deseos para el futuro que os merecéis, que debéis construiros vosotros mismos... desde la reconcilación y la madurez de un pueblo que debe quitarse de encima la pesada losa del pasado.
Algún día he de recorrer los caminos de Venezuela y me gustaría veros a todos con una sonrisa...
Buenos días.
Buenos días, encontrados y desconocidos.
Buenos días, recuerdos y promesas.
Buenos días, heridas e ilusiones.
Buenos días, besos y moratones.
Buenos días, letras y latidos.
Buenos días, pasiones y sentidos.
Buenos días, dolores y sonrisas.
Buenos días, lujurias y ternuras.
Buenos días, verdades y mentiras.
Buenos días, aliados y compañeros.
Buenos días, terremoto, mi flaquita.
Buenos días, encuentros y famílias.
Buenos días, olvidos y melancolía.
Buenos días, nuevas caricias.
Buenos días, viejas cicatrices.
Buenos días, Amor de mi Vida.
Buenos días, Desconocida.
Buenos días, compañeros de viaje.
Buenos días, horizonte.
Buenos días, libros míos.
Buenos días, música y compañía.
Buenos días, soledad escogida.
Buenos días, esperanzas fortalecidas.
Buenos días, pasado digerido, futuro anhelado, presente exprimido.
Buenos días, amigos míos, buenos días.
Que tengáis muy buenos días,
que con esta mirada os los regalaría.
Buenos días, felicidad combatida, alegría construída.
Buenos días, muy buenos días, Vida.

¿Sólo noventa días?
El once de mayo comencé este blog. En realidad, como mi epistolario a una desconocida (aún) que reposa junto a una torre de libros, a la izquierda del cabecero de mi cama, puede que estas letras hayan nacido hace mucho más tiempo. Las llevo dentro desde antes de darme cuenta de que quería ser escritor. ¿Es eso voluntad, o es inevitable el serlo, ineludible dejarse llevar por tu propio destino? Sólo sé que forma parte de mí y reparte las formas del mundo para reunir nuevos rompecabezas. Algo parecido a eso de... "es lo que he venido a hacer".
Puede que esto sólo sea un vaso que rebosa, sólo agua derramándose por la mesa, cambiándole el color y el tacto.
Hace noventa días, aunque parezcan más, que di el primer paso en este blog. Otros cuentan las bondades de algo por los números, más de cuatro mil visitas, cientos de comentarios, unas pocas decenas de enlaces... pero yo mido estos tres meses por dos cosas, una que permanece intacta y otra que ha crecido.
La primera es el afán de abrirme al mundo y compartir mis latidos y mi mirada sobre las cosas, entre las gentes, tras los árboles, bajo el océano, ante el espejo (no sigo con las preposiciones...). Esa inquietud todavía es el corazón transparente de una piedra sin pulir, arrancada a las entrañas de una selva. La forma, los vértices, las aristas, las caras del prisma, se van puliendo, van aprendiendo del joyero universal y sus herramientas (el mundo entero y sus gentes). Pero el fulgor del corazón de la piedra sigue siendo el mismo. Y eso me reconforta.
La segunda, lo que cambió, ha sido como un brote en el bosque que se hizo arbusto, y después tronco, y poco a poco va alzando sus ramas por encima del manto verde, persiguiendo al sol y las lluvias. Y ese árbol vive de vosotros, que acudís aquí como gotas desde las nubes y luces desde el aire. Gracias.
Llevo unos días rumiando una idea. He sabido de unas becas para escritores en otros países (cómo no, si al final todo el mundo se va fuera, investigadores, etc... si en España nunca se apuesta de veras por la cultura ni la investigación...), he sabido de la Ledig House, una residencia para escritores en Estados Unidos, o de unas becas del D.A.D. alemán en Berlin. Quién sabe... voy a informarme, y a indagar, pero sería genial, un año en Berlín, sólo para escribir, aprender alemán (a lo que sé ahora no se le puede llamar "hablar alemán"), mezclarse con el crisol de gentes que se remangan una pernera del pantalón y pedalean por sus calles...
Una vez, precisamente en Mayo, hace dos años, estuve en Berlín, con mi amiga y visitando a otra amiga común. En aquellos días hice esta foto, desde el lado oriental. Curioso, un avión apuntando por encima de los restos del muro. Metáfora de los anhelos de aquella gente por escapar del tedio y de las nebulosas garras de la Stasi... metáfora ahora de mis propios sueños... buscando su destino. Tal vez mi primer libro vea la luz en esa ciudad. Quién sabe... ya os lo contaré, aunque no demasiado, que luego los proyectos se gafan...
Gracias por estar ahí, a todos. Y que dure.
Puede que esto sólo sea un vaso que rebosa, sólo agua derramándose por la mesa, cambiándole el color y el tacto.
Hace noventa días, aunque parezcan más, que di el primer paso en este blog. Otros cuentan las bondades de algo por los números, más de cuatro mil visitas, cientos de comentarios, unas pocas decenas de enlaces... pero yo mido estos tres meses por dos cosas, una que permanece intacta y otra que ha crecido.
La primera es el afán de abrirme al mundo y compartir mis latidos y mi mirada sobre las cosas, entre las gentes, tras los árboles, bajo el océano, ante el espejo (no sigo con las preposiciones...). Esa inquietud todavía es el corazón transparente de una piedra sin pulir, arrancada a las entrañas de una selva. La forma, los vértices, las aristas, las caras del prisma, se van puliendo, van aprendiendo del joyero universal y sus herramientas (el mundo entero y sus gentes). Pero el fulgor del corazón de la piedra sigue siendo el mismo. Y eso me reconforta.
La segunda, lo que cambió, ha sido como un brote en el bosque que se hizo arbusto, y después tronco, y poco a poco va alzando sus ramas por encima del manto verde, persiguiendo al sol y las lluvias. Y ese árbol vive de vosotros, que acudís aquí como gotas desde las nubes y luces desde el aire. Gracias.
Llevo unos días rumiando una idea. He sabido de unas becas para escritores en otros países (cómo no, si al final todo el mundo se va fuera, investigadores, etc... si en España nunca se apuesta de veras por la cultura ni la investigación...), he sabido de la Ledig House, una residencia para escritores en Estados Unidos, o de unas becas del D.A.D. alemán en Berlin. Quién sabe... voy a informarme, y a indagar, pero sería genial, un año en Berlín, sólo para escribir, aprender alemán (a lo que sé ahora no se le puede llamar "hablar alemán"), mezclarse con el crisol de gentes que se remangan una pernera del pantalón y pedalean por sus calles...
Una vez, precisamente en Mayo, hace dos años, estuve en Berlín, con mi amiga y visitando a otra amiga común. En aquellos días hice esta foto, desde el lado oriental. Curioso, un avión apuntando por encima de los restos del muro. Metáfora de los anhelos de aquella gente por escapar del tedio y de las nebulosas garras de la Stasi... metáfora ahora de mis propios sueños... buscando su destino. Tal vez mi primer libro vea la luz en esa ciudad. Quién sabe... ya os lo contaré, aunque no demasiado, que luego los proyectos se gafan...
Gracias por estar ahí, a todos. Y que dure.
El beso y los idiomas (II de II).
Quiero dejaros con una escena, una que os haga pensar más en el beso que en los idiomas: “Cyrano de Bergerac”, la versión francesa (y por tanto más genuina) de 1990, de Jean-Paul Rappeneau, y protagonizada brillantemente por Gerard Depardieu.
Cyrano se refugia en las sombras del ocaso, y por primera vez deja de prestarle sus versos al apuesto y torpe Christian, y es él mismo el que susurra sus anhelos a su amada Roxane. Ella escucha desde la balconada, pero no es capaz de distinguir el rostro de su poeta, creyendo que es Christian el que le habla desde la penumbra. Cyrano tiembla de emoción y se encarama hasta el límite de la barandilla, justo donde Roxane aún no puede verle. Christian aguarda escondido a que Cyrano le consiga un beso, pero para el acomplejado poeta, ese es un momento que tiene mucho de confesión tras el antifaz.
La traducción es la que presenta el dvd tal cual, para que reparéis en las diferencias, que a veces resulta chocantes, sobre todo cuando desaparecen palabras de repente, aunque hay que entender la dificultad expresa de esta película, en la que se pretendía plasmar el espíritu más que la forma, pues en castellano se mantenían los diálogos en rima, aún a costa de cambiar los versos. En cursiva añado algunos comentarios. En fin, compañeros, entre ayer y hoy os he largado un verdadero testamento, pero, en el fondo, no estoy hablando de los idiomas, ni de las traducciones, ni de los detalles, a veces hermosos, que se pierden en el camino, no, hoy, sobre todo, os hablo del beso...
...yo, soy un poco Cyrano, "una cosa dentro de otra", pero no le prestaba mis versos a un guaperas ni harto de vino. Bastante fácil lo tendrá ya con lucir el palmito. Los versos son míos, y de "Ella" (cuando aparezca, o cuando creí que lo había hecho), faltaría más... Bueno, de ella y de todo lector sensible. En fin, podéis obviar todo el post de hoy y el de ayer, y quedaros con lo de "degustar, al borde de los labios, el alma..."
----------------------------
-Où êtez-vous?
-Nous parlions d’un baiser...
-Non.
-Si! Le mot es doux.
-Taisez-vous.
-Qu’est-ce un baiser?(*)
Un serment fait de plus près, une promesse plus précise, un aveu que veut se confirmer. Un point rose qu’on met sur l’i du verb aimer.
C’est un secret quie prend la bouche pour oreille. Un instant d’infini qui fait un bruit d’abeille.
Une communion ayant un goût de fleur. Une façon d’un peu se respirer le coeur et d’un peu se goûter...
au bord des lèvres, l’âme.
-Taisez-vous, s’il vous plaît!
-Oui, je me tais Madame...
(*): Depardieu no dice exactamente esa frase, sin embargo los subtítulos en francés así lo transcriben. Mi torpe francés me impide entender con exactitud la frase del audio original, aunque es parecida.
---------------------------------
Estos son el audio y los subtítulos en castellano del dvd:
-¿Dónde estás?
-Hablábamos de un beso...
-No.
-Sí. La palabra es dulce.
-Cállate.
-En realidad, un beso, ¿qué expresa?
Un juramento cercano, una promesa sellada, un amor que se quiere confirmar. Un acento invisible sobre el verbo amar.
Un secreto que confunde la boca con las orejas. Un instante infinito, un murmullo de abejas.
Un sabor dulcísimo, una comunión. Una nueva forma de abrir el corazón, de degustar, al borde de los labios, el alma.
-¡Cállate, por favor!
-Sí, mi boca se calma...
--------------------------
Y esta sería un poco más fiel al original, no del todo, pues mi francés es limitado:
-¿Dónde estáis?
-Hablábamos de un beso...
-No.
-¡Sí! La palabra es dulce.
-Callaos.
-“¿Qué es un beso?”
Un juramento desde más cerca, una promesa más precisa, una confesión que se quiere confirmar. “Un punto rosa” que se pone sobre la “a” del verbo amar.
Es un secreto que toma la boca por oreja. Un instante infinito que hace un murmullo de abeja.
Una comunión con un gusto de flor. Una manera de respirar un poco el corazón y un poco degustar, al borde de los labios, el alma.
-Calláos, por favor.
-Sí, me callo Señora...
Cyrano se refugia en las sombras del ocaso, y por primera vez deja de prestarle sus versos al apuesto y torpe Christian, y es él mismo el que susurra sus anhelos a su amada Roxane. Ella escucha desde la balconada, pero no es capaz de distinguir el rostro de su poeta, creyendo que es Christian el que le habla desde la penumbra. Cyrano tiembla de emoción y se encarama hasta el límite de la barandilla, justo donde Roxane aún no puede verle. Christian aguarda escondido a que Cyrano le consiga un beso, pero para el acomplejado poeta, ese es un momento que tiene mucho de confesión tras el antifaz.
La traducción es la que presenta el dvd tal cual, para que reparéis en las diferencias, que a veces resulta chocantes, sobre todo cuando desaparecen palabras de repente, aunque hay que entender la dificultad expresa de esta película, en la que se pretendía plasmar el espíritu más que la forma, pues en castellano se mantenían los diálogos en rima, aún a costa de cambiar los versos. En cursiva añado algunos comentarios. En fin, compañeros, entre ayer y hoy os he largado un verdadero testamento, pero, en el fondo, no estoy hablando de los idiomas, ni de las traducciones, ni de los detalles, a veces hermosos, que se pierden en el camino, no, hoy, sobre todo, os hablo del beso...
...yo, soy un poco Cyrano, "una cosa dentro de otra", pero no le prestaba mis versos a un guaperas ni harto de vino. Bastante fácil lo tendrá ya con lucir el palmito. Los versos son míos, y de "Ella" (cuando aparezca, o cuando creí que lo había hecho), faltaría más... Bueno, de ella y de todo lector sensible. En fin, podéis obviar todo el post de hoy y el de ayer, y quedaros con lo de "degustar, al borde de los labios, el alma..."
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-Où êtez-vous?
-Nous parlions d’un baiser...
-Non.
-Si! Le mot es doux.
-Taisez-vous.
-Qu’est-ce un baiser?(*)
Un serment fait de plus près, une promesse plus précise, un aveu que veut se confirmer. Un point rose qu’on met sur l’i du verb aimer.
C’est un secret quie prend la bouche pour oreille. Un instant d’infini qui fait un bruit d’abeille.
Une communion ayant un goût de fleur. Une façon d’un peu se respirer le coeur et d’un peu se goûter...
au bord des lèvres, l’âme.
-Taisez-vous, s’il vous plaît!
-Oui, je me tais Madame...
(*): Depardieu no dice exactamente esa frase, sin embargo los subtítulos en francés así lo transcriben. Mi torpe francés me impide entender con exactitud la frase del audio original, aunque es parecida.
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Estos son el audio y los subtítulos en castellano del dvd:
-¿Dónde estás?
-Hablábamos de un beso...
-No.
-Sí. La palabra es dulce.
-Cállate.
-En realidad, un beso, ¿qué expresa?
Un juramento cercano, una promesa sellada, un amor que se quiere confirmar. Un acento invisible sobre el verbo amar.
Un secreto que confunde la boca con las orejas. Un instante infinito, un murmullo de abejas.
Un sabor dulcísimo, una comunión. Una nueva forma de abrir el corazón, de degustar, al borde de los labios, el alma.
-¡Cállate, por favor!
-Sí, mi boca se calma...
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Y esta sería un poco más fiel al original, no del todo, pues mi francés es limitado:
-¿Dónde estáis?
-Hablábamos de un beso...
-No.
-¡Sí! La palabra es dulce.
-Callaos.
-“¿Qué es un beso?”
Un juramento desde más cerca, una promesa más precisa, una confesión que se quiere confirmar. “Un punto rosa” que se pone sobre la “a” del verbo amar.
Es un secreto que toma la boca por oreja. Un instante infinito que hace un murmullo de abeja.
Una comunión con un gusto de flor. Una manera de respirar un poco el corazón y un poco degustar, al borde de los labios, el alma.
-Calláos, por favor.
-Sí, me callo Señora...
El beso y los idiomas (I de II).
Adoro aprender idiomas. Ojalá algún día pueda retomar ese sano vicio, que no es más que una llave para abrir puertas. Poder conversar con los viajeros que se vayan cruzando en mi camino; captar todos los matices de los trabajos de M.Mastroiani, de Peter O’Toole y Katherine Hepburn en “El león en invierno”, o los diálogos que ella bordó con su amado Spencer Tracy, o los de la otra Hepburn, Audrie, y Rex Harrison mientras diseccionaban el inglés en “My fair lady”; ser capaz –aunque eso sería mucho suponer- de leer sin intermediarios a Flaubert, Chéjov, Conrad (que adoptó el inglés para escribir), Pavese, o Kafka (que escribía en alemán, no en checo).
En fin, por muy buena que sea una traducción, por muy buenos que sean los doblajes en España, nunca es lo mismo. Recuerdo una ocasión en que (y eso que mi francés de momento es bastante normalito) le devolví a un librero una edición bilingüe de “Les fleurs du mal” de Baudelaire, alucinado con la “traducción” que habían perpetrado. No es que yo sea un snob, es que aquello era un delito. Al final me llevé las dos versiones por separado.
A veces los doblajes maquillan las cosas para bien, porque, por mucha magia que existiera, que la había, e intensa, entre Lauren Bacall y Humphrey Bogart, nadie que conozca sus películas en el inglés original me podrá negar que casaba mucho más con el personaje la voz del actor de doblaje, que la genuina y poco agraciada voz del protagonista de “El sueño eterno” o “El halcón maltés”.
Y qué decir de la posibilidad de conocer en profundidad algunas de las ciudades más apasionantes, de ser uno más de sus vecinos durante una temporada, mientras me sumerjo en el idioma... Estudiar francés -¿y cocina?- en París, o en Quebec; ruso en San Petersburgo o Moscú; italiano -¡y cocina!- en Bolonia o Florencia; portugués en Lisboa o Salvador de Baia; alemán en Berlin; japonés -y meditación zen- en Kyoto –bueno, para eso haría falta mucho tiempo...- o perfeccionar el inglés en Londres, Seattle, Vancouver o Auckland (estas tres últimas especialmente por las excursiones a los alucinantes alrededores).
Y sobre todo, si algún día me enamorara de una extranjera, poder decirle lo que siento en su propio idioma, en la misma voz que resonara desde sus entrañas, en sus paisajes telúricos, habitándola desde siempre. Porque siempre ando preocupado con llegar al fondo de las cosas, en hacer vibrar las cuerdas de la guitarra desde el corazón, en conectar de veras con el mundo interior de una mujer, y a veces el idioma se queda corto. Sí, tiene su encanto descubrir un lenguaje por haber descubierto un sentimiento. Tiene gracia el juego de descubrimiento mutuo, mitad torpe, mitad mágico. Si barajo unas pocas palabras en ruso, por ejemplo, es por una chica de ojos celestes y glaciales que pasó por mi vida hace tiempo y revoloteó por mi piel en Niza.
A lo mejor por eso pienso algunas veces que las españolas son las mujeres más bellas (las que lo son), porque su voz es mi voz, porque con ellas puedo entenderme hasta en el último acento, hasta en el último aliento. O no, ¿verdad? acabo de decir una tontería... A lo mejor sería mucho más bello tener que inventarse un idioma hecho de silencios y caricias, una lengua hecha de alianzas secretas, para que las otras lenguas, los pájaros inquietos que se agitan tras una celda de dientes, llegaran a volar juntas.
A lo mejor ya existe ese idioma, y es el beso. Y todos los idiomas del mundo son sólo vanos sucedáneos de un beso. A lo mejor sólo deberíamos hablarnos en verso y en besos.
En fin, por muy buena que sea una traducción, por muy buenos que sean los doblajes en España, nunca es lo mismo. Recuerdo una ocasión en que (y eso que mi francés de momento es bastante normalito) le devolví a un librero una edición bilingüe de “Les fleurs du mal” de Baudelaire, alucinado con la “traducción” que habían perpetrado. No es que yo sea un snob, es que aquello era un delito. Al final me llevé las dos versiones por separado.
A veces los doblajes maquillan las cosas para bien, porque, por mucha magia que existiera, que la había, e intensa, entre Lauren Bacall y Humphrey Bogart, nadie que conozca sus películas en el inglés original me podrá negar que casaba mucho más con el personaje la voz del actor de doblaje, que la genuina y poco agraciada voz del protagonista de “El sueño eterno” o “El halcón maltés”.
Y qué decir de la posibilidad de conocer en profundidad algunas de las ciudades más apasionantes, de ser uno más de sus vecinos durante una temporada, mientras me sumerjo en el idioma... Estudiar francés -¿y cocina?- en París, o en Quebec; ruso en San Petersburgo o Moscú; italiano -¡y cocina!- en Bolonia o Florencia; portugués en Lisboa o Salvador de Baia; alemán en Berlin; japonés -y meditación zen- en Kyoto –bueno, para eso haría falta mucho tiempo...- o perfeccionar el inglés en Londres, Seattle, Vancouver o Auckland (estas tres últimas especialmente por las excursiones a los alucinantes alrededores).
Y sobre todo, si algún día me enamorara de una extranjera, poder decirle lo que siento en su propio idioma, en la misma voz que resonara desde sus entrañas, en sus paisajes telúricos, habitándola desde siempre. Porque siempre ando preocupado con llegar al fondo de las cosas, en hacer vibrar las cuerdas de la guitarra desde el corazón, en conectar de veras con el mundo interior de una mujer, y a veces el idioma se queda corto. Sí, tiene su encanto descubrir un lenguaje por haber descubierto un sentimiento. Tiene gracia el juego de descubrimiento mutuo, mitad torpe, mitad mágico. Si barajo unas pocas palabras en ruso, por ejemplo, es por una chica de ojos celestes y glaciales que pasó por mi vida hace tiempo y revoloteó por mi piel en Niza.
A lo mejor por eso pienso algunas veces que las españolas son las mujeres más bellas (las que lo son), porque su voz es mi voz, porque con ellas puedo entenderme hasta en el último acento, hasta en el último aliento. O no, ¿verdad? acabo de decir una tontería... A lo mejor sería mucho más bello tener que inventarse un idioma hecho de silencios y caricias, una lengua hecha de alianzas secretas, para que las otras lenguas, los pájaros inquietos que se agitan tras una celda de dientes, llegaran a volar juntas.
A lo mejor ya existe ese idioma, y es el beso. Y todos los idiomas del mundo son sólo vanos sucedáneos de un beso. A lo mejor sólo deberíamos hablarnos en verso y en besos.
Historias de la mili.

Sí, soy un dinosaurio al borde de la extinción, yo hice la mili... Mi reemplazo fue de los últimos en los que todavía estaba "penado" el hacer objección de conciencia, y un año de servicio militar era la alternativa a dos años de servicios sociales. Luego vino la equiparación, y finalmente (demasiado tarde para mí) la supresión definitiva, lógica y plausible, del servicio militar. Así que yo, que no estaba estudiando, que no necesitaba prórrogas, preferí acabar cuanto antes con la obligación para con la "patria"... Qué sandeces, si mi patria es el oceáno y mi bandera está hecha de nubes y sal... en fin.
Pero ese no es el caso.
He rescatado estas fotos, viejas, borrosas, mal conservadas, de algún cajón, por otro motivo. De las tres fotos (sé que no se ve tres en un burro, pero algo se aprecia, la cuestión es la idea...), la inferior derecha es cuando el cabo Bellver tuvo que hacer una guardia con un pelotón en la antena de comunicaciones del Tibidabo, en Barcelona, ante la amenaza terrorista de los días de la Guerra del Golfo de 1991 (en aquél tiempo, a una década del 11S, y sin poder concebir siquiera en la imaginación un 11M, el miedo no era ni una caricatura de lo que sería hoy), cuando Saddam invadió Kuwait y entonces a casi nadie le pareció mal una guerra para liberar a los "pobres" kuwaitíes (precisamente porque están forrados de oro negro), y mientras tampoco nadie movía un dedo contra las masacres entre vecinos que se estaban cometiendo en la desmembración de Yugoslavia, a un tiro de piedra de la costa adriática de Italia. En fin, lo de siempre.
Pero ese no es el caso.
Si he colgado estas fotos, no es sólo por jugar con vosotros a ver quién adivina en qué careto de los de la foto superior me escondo, una noche que íbamos de maniobras, cuando nos mandaron jugar a ser Rambo con más "maquillaje" en la cara que Sara Montiel en un bodorrio. Ay, la mili, cada uno contará tal cual le haya ido la experiencia, pero para mí fue sólo una más, ni me hice un hombre por ella (eso sucede todos los días, nunca dejas de crecer), ni fue un trauma, sólo una historia más, otra oportuinidad para acumular experiencias.
Pero ese no es el caso.
Si cuelgo estas fotos, es porque he estado pensando en todas aquellas personas, aquellas bellas personas que alguna vez se cruzaron en mi/tu/vuestro camino (en las aulas, los cuarteles, las oficinas, los viajes, las vacaciones, los hospitales, la vida), y que despertaron el aprecio, pero que por los designios de la vida, han ido extraviándose en el olvido. Gente como el chico que aparece a mi derecha (el hombretón, yo soy el que tiene más pinta de crío, que queréis, tenía 19 añitos...) en la foto inferior izquierda, y como tantos otros en aquellos días, y en otros tiempos. Buena gente de la que uno no supo nunca más. Vicenç, Ariel, Kim, Jaume, Alex, los de Transmisiones, su sargento y sus "vites", Ponseti, etc. Que os vaya bonito a todos, compañeros.
Rompaaaan ¡Filasss!!! ;-)
(vuelo de gorras y risas, y "dos piedras" para los días absurdos perdidos en un cuartel. Al final, lo mejor, siempre es la gente).
El barco de piedra
Un poema que se derramó de mis manos hace más o menos un año, del que una amiga me dijo que le recordaba a "Le bateau îvre" de Arthur Rimbaud. No creo que llegue a tanto (qué maja eres, Bea ;-P ), pero... lo que me provocó ese comentario es esa familiar sensación desde que escribo... de que todo está ya escrito. Por otro lado, fue un gran cumplido, porque mi amiga es una persona muy sincera y sobre todo, porque yo aún no había leído ese poema ni ningún otro del precoz francés (quien por cierto, escribió el suyo sin haber visto aún el mar...) cuando escribí el mío... Lo cual me lleva a otra familiar sensación, y es que todo está en la mirada del autor, y no importa que todo esté ya escrito, nunca será como tu mirada.

La galerna levanta rizos de espuma
dispone dunas líquidas en la piel del océano
barjanas de agua, medias lunas apuntando a sotavento
pero atraviesa las velas de mi carabela
como el agua escapa de la red del pescador
La mar se zarandea a sí misma
se revuelca como una loca en su lecho
despeinándose ansiosa
pero mi nave permanece inmóvil
clavada su tripa sobre el mismo arrecife
Las aves raudas a guarecerse en su roquerío
los cardúmenes de peces al unísono
como un leviatán de mil cabezas diminutas y una sola intención
zigzaguean bajo la superficie
pero en la quilla de mi barco
sólo hay algas muertas y mugre salada
y en cubierta un galápago se amalgama
con la quietud de las tablas
Las corrientes trazan senderos y pistas en este mapa vivo del mar
se empujan y se persiguen, se mezclan y se repelen
más en calma rasa el piélago despista, acecha espejeando solecitos
aún en su engañosa mortaja apacible, es movimiento
barruntando la siguiente presa para sus vastas fauces
el capitán del cadáver petrificado de un cetrino bastimento
el timonel sin pulso de esta lúgubre embarcación
el vigía ciego, destronado por el fuego de San Telmo
Debo elegir entre hacerme mástil
entre momificarme como espolón de proa
convertirme en trinquete, en cariátide de leño ensimismada
testigo impasible, ancla soldada al fondo del abismo
entre la madera muerta, abotargada como ballena varada...
...o la sacudida del temporal
saltar por la borda sin miedo
para que los elementos me vapuleen
como a un tonel de ron descoyunten
disuelvan mis fibras en ellos con violencia
hasta hacerme olvidar que alguna vez existió bajel alguno
y tras la tormenta, la bonanza
la caricia del ábrego sugiriendo un nuevo rumbo
mi cuerpo como gabarra sin carga baqueando sin gobierno
sorteando bajíos, en cabotaje por un país ignoto sin desenlace
mezclado en el crisol de las mismas fuerzas de la naturaleza
que despedazándome me dieron muerte y vida
hasta que yo mismo sea viento, océano... ave y pez

El barco de piedra
La galerna levanta rizos de espuma
dispone dunas líquidas en la piel del océano
barjanas de agua, medias lunas apuntando a sotavento
pero atraviesa las velas de mi carabela
como el agua escapa de la red del pescador
La mar se zarandea a sí misma
se revuelca como una loca en su lecho
despeinándose ansiosa
pero mi nave permanece inmóvil
clavada su tripa sobre el mismo arrecife
Las aves raudas a guarecerse en su roquerío
los cardúmenes de peces al unísono
como un leviatán de mil cabezas diminutas y una sola intención
zigzaguean bajo la superficie
pero en la quilla de mi barco
sólo hay algas muertas y mugre salada
y en cubierta un galápago se amalgama
con la quietud de las tablas
Las corrientes trazan senderos y pistas en este mapa vivo del mar
se empujan y se persiguen, se mezclan y se repelen
más en calma rasa el piélago despista, acecha espejeando solecitos
aún en su engañosa mortaja apacible, es movimiento
barruntando la siguiente presa para sus vastas fauces
el capitán del cadáver petrificado de un cetrino bastimento
el timonel sin pulso de esta lúgubre embarcación
el vigía ciego, destronado por el fuego de San Telmo
Debo elegir entre hacerme mástil
entre momificarme como espolón de proa
convertirme en trinquete, en cariátide de leño ensimismada
testigo impasible, ancla soldada al fondo del abismo
entre la madera muerta, abotargada como ballena varada...
...o la sacudida del temporal
saltar por la borda sin miedo
para que los elementos me vapuleen
como a un tonel de ron descoyunten
disuelvan mis fibras en ellos con violencia
hasta hacerme olvidar que alguna vez existió bajel alguno
y tras la tormenta, la bonanza
la caricia del ábrego sugiriendo un nuevo rumbo
mi cuerpo como gabarra sin carga baqueando sin gobierno
sorteando bajíos, en cabotaje por un país ignoto sin desenlace
mezclado en el crisol de las mismas fuerzas de la naturaleza
que despedazándome me dieron muerte y vida
hasta que yo mismo sea viento, océano... ave y pez
Libre.
Escribí este cuento para Ella. Hoy se lo he dado, cerrando un libro, mi primer libro, que he cosido con cinta negra de algodón. Por un momento casi me pilla con los ojos húmedos. Me cuenta que está muy enamorada de su chico, y yo, en vez de rabiar, me siento muy bien por ella, porque se merece Amar, porque de un sentimiento auténtico como el mío sólo pueden nacer buenos deseos para el otro, y yo exijo que Ella sea feliz. No es para mí, pero es mi amiga y sobre todo, mi musa. Hoy estaba más hermosa que nunca. Le sienta bien estar enamorada.
......................................
Como dos ratones en un laberinto, ella y él avanzan, tropiezan, retroceden, se agotan, y lo vuelven a intentar. Viven. No se conocen, todavía. Ella siente el eco del vacío en las pasarelas de su laberinto de cristal. Él persigue la luz de un sueño en los callejones de su laberinto de asfalto. Aún no se conocen, pero se dirigen al mismo punto. Un instante, un chispazo, y los caminos se encuentran.
-¿Está libre?
-Claro, sube.
El corto intervalo desde que ella se ha inclinado hacia la ventanilla para preguntar hasta que toma asiento en el taxi e indica el destino, ha bastado para que él pueda apreciar que es una mujer hermosa. Vaqueros gastados, pelo suelto, cara lavada, un enorme bolso con un punto hippie, ojos verdísimos y sobre todo una pulsera que tintinea como el cascabel de una gata.
La carrera es al aeropuerto. La ciudad se ha desecho de las sábanas del alba y se ha vestido de azul tibio y de conversaciones de pájaros. Aún es temprano, y el último domingo de agosto. El taxi va más deprisa de lo que a él le gustaría. La carrera no durará mucho y a él le deslumbran esos enormes ojos verdes en el retrovisor, una mirada felina y esmeralda que apenas se cruza con la suya. Viajan callados, entre el rumor de las ruedas sobre el asfalto, el fugaz chorro de agua de un camión de limpieza, la persiana de una panadería que se abre y la pulsera de metal maullando cada vez que ella se atusa el pelo o se gira para ver aquella plaza, aquél paseo, aquél edificio. Porque cuando él no mira y parece concentrarse en el volante, ella le observa sin hacer ruido de cascabeles. Porque también se ha dado cuenta de que es un hombre atractivo, con algo de marinero al timón de ese taxi y su cabello largo, sus ojos de playa y sus labios de sal.
Al llegar al aeropuerto y buscar la terminal de salidas internacionales, se va formando una espesa niebla entre los asientos, una extraña y sorprendente angustia. Les hubiera gustado decirse algo más que el destino de aquella carrera. Cualquier cosa vale. Aunque sea preguntar algo y agitar de nuevo la pulsera.
-¿Nueva York? Creo que es la terminal dos.
-¿Y esto?
-¡Ah! Es mi disco.
-Vaya, un artista.
Ella llevaba rato observando la portada de un cd que colgaba detrás del reposacabezas.
-Bueno, estoy en ello. He grabado ese cd por mi cuenta y ahora intento buscarme la vida. Lo pongo ahí por si algún cliente siente curiosidad.
-¿Qué música haces? ¿Lo vendes?
-Te lo regalo. Canciones y guitarra, sobre todo letras y guitarra.
-Pero si un cliente siente curiosidad lo vendes, ¿no?
-Ya, pero a ti te lo regalo, no todo es negocio. Ya hemos llegado.
Al pagar, ella se azora un poco y sonríe, ha rumiado en un segundo dejarle una gran propina, por el disco, pero no quiere ofenderle. Sale nerviosa del taxi y se pierde entre un grupo de japoneses. A él le cuesta arrancar.
El laberinto y sus reglas, el ruido y su dictadura, la rutina, en el asfalto y el cristal. Un día, una semana. Más pasarelas absurdas, más callejones sombríos. Una modelo en Nueva York, agobiada por la agenda, esquivando los zarpazos de las rivales y apartando la cabeza del camino de las top. Una modelo de catálogo, enrolada en un barco por casualidad, siempre con miedo a naufragar, entre imperativas fiestas que no apetecen y manos con Rolex que sobrevuelan en círculo por todas partes. Una mujer fuera de lugar y una vida que ya no compensa. Demasiado ruido, tanto, que ya no es capaz de escucharse a sí misma. Ella, una semana después, en un banco de Central Park, con un café en vaso de cartón y la música de un taxista en su discman. Es bueno. Una canción se ha adueñado de ella:
“...para anidar en tu espalda y ponerte alas
pa’desnudar tu mirada y vestirte el alma...”
Un taxista en Barcelona se viste de monotonía y la luz de su sueño se va desenfocando. Todo es demasiado difícil, aún no quiere rendirse, pero la música no le da de comer. Las horas al volante le roban horas a la guitarra, y en el ruido de la ciudad las notas se van ahogando en su cabeza. Demasiado ruido, tanto, que ya no es capaz de inventarse otros mundos. Él, una semana después, en el muro de Miramar, con la ciudad a la vista y entre los dedos la cantarina pulsera de metal que una gata de ojos verdes perdió en el asiento de atrás. Tal vez se le ocurra una canción.
Primer lunes de septiembre, dos horas de cola negra y amarilla en el aeropuerto, cientos de taxis esperando viajeros. Él se siente en lo más oscuro del laberinto, prisionero en un punto ciego del que no halla la salida.
-¿Está libre?
-Claro, sub...
Se miran, se alegran, sonríen de oreja a oreja y luego ríen con la casualidad.
-Vaya, qué coincidencia, ¿verdad?
-Sí, desde luego, pero quién sabe. Por cierto, te dejaste esto la otra vez.
-Es increíble, siempre ando perdiendo esta pulsera, me la dejo por todas partes porque no cierra bien. Ya me la han devuelto tres veces.
-Será por eso que hemos vuelto a coincidir. Que la pulsera te echaba de menos.
-¿Sabes? Te la regalo. Me gustó mucho tu música, de veras.
Esta vez, el camino de vuelta es más de ida que nunca, y no se escucha la ciudad, se diluye en la animada charla que surge a borbotones, entre risas y pausas para mirarse. Aquella canción, ella le dice y él se alegra infinitamente, le explica, le cuenta cómo se desnudó al escribirla. Le confiesa que tiene una nueva canción en la cabeza, sobre una gata, tal vez. Ella no le cuenta nada de Nueva York, le basta con compartir esa ilusión y planear en su mente las llamadas que piensa hacer para intentar echarle una mano. La ciudad se pelea, discute, tumultuosa, en plena hora punta. Pero en un taxi el ruido se va difuminando, en un taxi el laberinto se va derrumbando, los grilletes se van deshaciendo, la soledad se va extinguiendo y los sueños recuperan el brillo.
-¿A qué hora terminas tu turno?
-Creo que... va a ser ahora.
-Genial. ¿Te apetece un café?
Libre.
Como dos ratones en un laberinto, ella y él avanzan, tropiezan, retroceden, se agotan, y lo vuelven a intentar. Viven. No se conocen, todavía. Ella siente el eco del vacío en las pasarelas de su laberinto de cristal. Él persigue la luz de un sueño en los callejones de su laberinto de asfalto. Aún no se conocen, pero se dirigen al mismo punto. Un instante, un chispazo, y los caminos se encuentran.
-¿Está libre?
-Claro, sube.
El corto intervalo desde que ella se ha inclinado hacia la ventanilla para preguntar hasta que toma asiento en el taxi e indica el destino, ha bastado para que él pueda apreciar que es una mujer hermosa. Vaqueros gastados, pelo suelto, cara lavada, un enorme bolso con un punto hippie, ojos verdísimos y sobre todo una pulsera que tintinea como el cascabel de una gata.
La carrera es al aeropuerto. La ciudad se ha desecho de las sábanas del alba y se ha vestido de azul tibio y de conversaciones de pájaros. Aún es temprano, y el último domingo de agosto. El taxi va más deprisa de lo que a él le gustaría. La carrera no durará mucho y a él le deslumbran esos enormes ojos verdes en el retrovisor, una mirada felina y esmeralda que apenas se cruza con la suya. Viajan callados, entre el rumor de las ruedas sobre el asfalto, el fugaz chorro de agua de un camión de limpieza, la persiana de una panadería que se abre y la pulsera de metal maullando cada vez que ella se atusa el pelo o se gira para ver aquella plaza, aquél paseo, aquél edificio. Porque cuando él no mira y parece concentrarse en el volante, ella le observa sin hacer ruido de cascabeles. Porque también se ha dado cuenta de que es un hombre atractivo, con algo de marinero al timón de ese taxi y su cabello largo, sus ojos de playa y sus labios de sal.
Al llegar al aeropuerto y buscar la terminal de salidas internacionales, se va formando una espesa niebla entre los asientos, una extraña y sorprendente angustia. Les hubiera gustado decirse algo más que el destino de aquella carrera. Cualquier cosa vale. Aunque sea preguntar algo y agitar de nuevo la pulsera.
-¿Nueva York? Creo que es la terminal dos.
-¿Y esto?
-¡Ah! Es mi disco.
-Vaya, un artista.
Ella llevaba rato observando la portada de un cd que colgaba detrás del reposacabezas.
-Bueno, estoy en ello. He grabado ese cd por mi cuenta y ahora intento buscarme la vida. Lo pongo ahí por si algún cliente siente curiosidad.
-¿Qué música haces? ¿Lo vendes?
-Te lo regalo. Canciones y guitarra, sobre todo letras y guitarra.
-Pero si un cliente siente curiosidad lo vendes, ¿no?
-Ya, pero a ti te lo regalo, no todo es negocio. Ya hemos llegado.
Al pagar, ella se azora un poco y sonríe, ha rumiado en un segundo dejarle una gran propina, por el disco, pero no quiere ofenderle. Sale nerviosa del taxi y se pierde entre un grupo de japoneses. A él le cuesta arrancar.
El laberinto y sus reglas, el ruido y su dictadura, la rutina, en el asfalto y el cristal. Un día, una semana. Más pasarelas absurdas, más callejones sombríos. Una modelo en Nueva York, agobiada por la agenda, esquivando los zarpazos de las rivales y apartando la cabeza del camino de las top. Una modelo de catálogo, enrolada en un barco por casualidad, siempre con miedo a naufragar, entre imperativas fiestas que no apetecen y manos con Rolex que sobrevuelan en círculo por todas partes. Una mujer fuera de lugar y una vida que ya no compensa. Demasiado ruido, tanto, que ya no es capaz de escucharse a sí misma. Ella, una semana después, en un banco de Central Park, con un café en vaso de cartón y la música de un taxista en su discman. Es bueno. Una canción se ha adueñado de ella:
pa’desnudar tu mirada y vestirte el alma...”
Un taxista en Barcelona se viste de monotonía y la luz de su sueño se va desenfocando. Todo es demasiado difícil, aún no quiere rendirse, pero la música no le da de comer. Las horas al volante le roban horas a la guitarra, y en el ruido de la ciudad las notas se van ahogando en su cabeza. Demasiado ruido, tanto, que ya no es capaz de inventarse otros mundos. Él, una semana después, en el muro de Miramar, con la ciudad a la vista y entre los dedos la cantarina pulsera de metal que una gata de ojos verdes perdió en el asiento de atrás. Tal vez se le ocurra una canción.
Primer lunes de septiembre, dos horas de cola negra y amarilla en el aeropuerto, cientos de taxis esperando viajeros. Él se siente en lo más oscuro del laberinto, prisionero en un punto ciego del que no halla la salida.
-¿Está libre?
-Claro, sub...
Se miran, se alegran, sonríen de oreja a oreja y luego ríen con la casualidad.
-Vaya, qué coincidencia, ¿verdad?
-Sí, desde luego, pero quién sabe. Por cierto, te dejaste esto la otra vez.
-Es increíble, siempre ando perdiendo esta pulsera, me la dejo por todas partes porque no cierra bien. Ya me la han devuelto tres veces.
-Será por eso que hemos vuelto a coincidir. Que la pulsera te echaba de menos.
-¿Sabes? Te la regalo. Me gustó mucho tu música, de veras.
Esta vez, el camino de vuelta es más de ida que nunca, y no se escucha la ciudad, se diluye en la animada charla que surge a borbotones, entre risas y pausas para mirarse. Aquella canción, ella le dice y él se alegra infinitamente, le explica, le cuenta cómo se desnudó al escribirla. Le confiesa que tiene una nueva canción en la cabeza, sobre una gata, tal vez. Ella no le cuenta nada de Nueva York, le basta con compartir esa ilusión y planear en su mente las llamadas que piensa hacer para intentar echarle una mano. La ciudad se pelea, discute, tumultuosa, en plena hora punta. Pero en un taxi el ruido se va difuminando, en un taxi el laberinto se va derrumbando, los grilletes se van deshaciendo, la soledad se va extinguiendo y los sueños recuperan el brillo.
-¿A qué hora terminas tu turno?
-Creo que... va a ser ahora.
-Genial. ¿Te apetece un café?
Del agua.
Este es un fragmento de un poema que escribí hace mucho tiempo, a raíz de un viaje mental, que aconteció sentado en un vagón de metro de la linea 1 de Madrid. Es un largo poema, que se titula "Viajero perdido en un sueño", y habla de "Ella"... Pero hoy sólo quiero compartir este fragmento con vosotros, y refrescar un poco el ambiente... y las almas.
................
"...Llovía como sólo en las cumbres
de la columna vertebral de América puede hacerlo.
Cómo vibra mi ser cuando siente así el agua.
Agua. Agua. Vida.
Agua mutable y eterna,
que se balancea minúscula
siendo perla temblorosa en el rocío,
hemorragia cristalina socavando las montañas
hasta quebrarlas,
marabunta líquida serpenteando entre los mapas,
ejército de diamantes cayendo del cielo,
violenta embestida vertical azotando la selva,
zarandeándola para luego darle la vida,
océano como fin y principio,
metáfora del universo derramado sobre la tierra.
Así llovía, con la fuerza y la pureza de los tiempos remotos,
como si fuera la primera
y la última lluvia del mundo,
virgen y trascendente..."

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de la columna vertebral de América puede hacerlo.
Cómo vibra mi ser cuando siente así el agua.
Agua. Agua. Vida.
Agua mutable y eterna,
que se balancea minúscula
siendo perla temblorosa en el rocío,
hemorragia cristalina socavando las montañas
hasta quebrarlas,
marabunta líquida serpenteando entre los mapas,
ejército de diamantes cayendo del cielo,
violenta embestida vertical azotando la selva,
zarandeándola para luego darle la vida,
océano como fin y principio,
metáfora del universo derramado sobre la tierra.
Así llovía, con la fuerza y la pureza de los tiempos remotos,
como si fuera la primera
y la última lluvia del mundo,
virgen y trascendente..."


