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El triste blog de un alma en pena penita pena...
Una página de un libro que hace tiempo que cerré.
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Me gustas cuando callas Porque estás como ausente Y me oyes desde lejos Y mi voz no te toca... Neruda
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Mario y Catalina - Catalina y Mario
20 de abril de 2002, tarde mustia y grisácea en las calles de un Madrid desolado, cuyas aceras sufren impasibles el castigo de los viandantes, condenándolas con sus pisadas al hastío que la mugre y la podredumbre dan como resultado de combinar la suciedad de las suelas con la humedad fruto de las 4 gotas de lluvia recién y mal caídas.

Mario es hoy uno de esos "castigadores de aceras"; con su pelo enmarañado, rizado y mojado deambula sin rumbo por la urbe ataviado con sus tristes pantalones de pana, sus converse y su camiseta favorita; la misma que siempre huele a mujer por más que la laves...

No precisamente cerca, en el algún lugar recóndito, en algún pueblo perdido de la mano de Dios en la sierra entre Málaga y Sevilla; en esta misma tarde y con un clima parecido, Catalina "castiga" también las calles con sus sandalias de esparto bajitas y con cordón que sube por la pantorrilla, una falda de vuelo que cubre sus piernas justo hasta el punto en que el cordón de la sandalia toma el relevo y una camiseta preciosa, sin mangas y con un generoso escote, que anuncia e insinúa a partes iguales los atributos de su femineidad, completan su atuendo.
El viento travieso juega con los rizos de Catalina y caprichoso juega a ser peluquero de un estilo tan innovador como caótico.
La misma sensación que un día produjeron los dedos de un hombre en el pelo de Catalina; esa sensación que no se olvida ni se va, por muchas veces que ella se lave y acondicione la melena.

Ambos dos, someten a sus cuerpos, a sus respectivos calzados, a sus aceras; a una tortura tan inmisericorde como prolongada en el tiempo.
Tanto, que la luz del astro rey deja por fin de regalarles el milagro de la iluminación natural y da paso a la guardiana de la noche y sus escoltas: la luna finalizando su ciclo de cuarto creciente y ya casi llena y las estrellas que la cortejan, cobijan y amparan.

Hoy, precisamente hoy, Mario y Catalina elevan sus ojos, simultáneamente pero sin saber nada (aún) el uno del otro, al cielo, ya oscurecido y en penumbra y juran, quizá incluso perjuran, que nunca más se entregarán sin medida, que jamás volverán a dejarse mecer por la dulce tentación del amor, de la pasión, del deseo...

Lo que Mario y Catalina no saben, de lo que no tienen ni la más mínima idea, es de que los siempre azarosos avatares del destino harán que un día sus caminos coincidan en este cruce de caminos y crisol de razas que es la vida misma en que vivimos.

Mario y Catalina tan sólo son hoy dos despechados más; que sienten y padecen.

Mario ansía el perfume de los rizos de Catalina en su camiseta.
Y Catalina anhela sentir cómo los dedos de Mario arremolinan de nuevo su cabello.

Pero... ellos... no lo saben.




 
Comentario:
socorrro auxiliooooo hize un nuevo blog de cocina mexicana ahista la direccion pero solo me dejo publicar un articulo y keriendo hacer mas, me marca k no esta activo, sigo los pasos de nuevo y me dice k lo pillo alguien mas (debo ser yo), no se quehacer, ya les escribi a los de blogs.ya pero no hay respuesta can you help me? pepe =))) lindo tu post, como siempre =*****
 
Comentario:
Que bonito.
Besitos.
No