UN TRANVÍA LLAMADO DESEO
Las nueve y media y todavía no había empezado a vestirme. Normalmente soy un auténtico desastre para combinar mi ropa interior, pero incoscientemente me había puesto el ligero negro con la corsetería rosa que me había regalado el pasado San Valentín mi vecino del segundo: !Un encanto el chico! Lo nuestro duró poco, pero fue muy intenso. Se podría decir que era una relación de conveniencia, unos intercambian tazas de azúcar y lo nuestro era "échange" de placer. Ya llegaba tarde, pero la noche iba a ser muy larga. Por suerte el tren de cercanías pasaba con 15 minutos de retraso, pero yo ya había empezado a sudar. Un día caluroso y el tranvía repleto de gente, todos irreconocibles. Nos dirigíamos al Carnaval. Todos disfraces ligeros, algunos prácticamente ausentes y unos cuerpos rozándose contra otros, manos inoportunas y alientos.
Las calles estaban igual, repletas de gente, todos deseosos de pasar un día de desenfreno y de experimentar cosas nuevas. La playa repleta de amantes, las calles y los callejones, cualquier sitio era bueno. Yo sólo iba a trabajar, pero tras una noche muy intensa, apareció el en el tranvía de regreso. Sólo, apoyado en una esquina, con la mirada perdida entre mi ropa. En ese momento estábamos sólos entre miles de personas. Moreno, de piel morena, ojos negros como el carbón y con los brazos más hermosos que había visto nunca. Nos separaban dos personas, pero tras varias miradas furtivas, extendió su brazo y me puso contra su cuerpo. Podía notar todo el contorno de su ser marcado en mi piel. No me había dicho su nombre, ni tenía intención de hacerlo, símplemente me miraba. Empezó a olerme el cuello, los brazos...hasta que puso su mano sobre mi boca para que permaneciera en silencio. Entonces empezó a tocarme el pecho y la barriga sin retirar sus ojos de los mios. Siguió deslizando su mano por dentro de mi pantalón hasta que encontró lo que estaba buscando. Me besó y me dijo:
-Me llamo Gio, esta es mi tarjeta. Llámame y vemos como termina esta historia.
Nunca he vuelto a verle.
P.D. Todo lo que quieres puede hacerse realidad. Pídelo y tus deseos serán concedidos.
Las calles estaban igual, repletas de gente, todos deseosos de pasar un día de desenfreno y de experimentar cosas nuevas. La playa repleta de amantes, las calles y los callejones, cualquier sitio era bueno. Yo sólo iba a trabajar, pero tras una noche muy intensa, apareció el en el tranvía de regreso. Sólo, apoyado en una esquina, con la mirada perdida entre mi ropa. En ese momento estábamos sólos entre miles de personas. Moreno, de piel morena, ojos negros como el carbón y con los brazos más hermosos que había visto nunca. Nos separaban dos personas, pero tras varias miradas furtivas, extendió su brazo y me puso contra su cuerpo. Podía notar todo el contorno de su ser marcado en mi piel. No me había dicho su nombre, ni tenía intención de hacerlo, símplemente me miraba. Empezó a olerme el cuello, los brazos...hasta que puso su mano sobre mi boca para que permaneciera en silencio. Entonces empezó a tocarme el pecho y la barriga sin retirar sus ojos de los mios. Siguió deslizando su mano por dentro de mi pantalón hasta que encontró lo que estaba buscando. Me besó y me dijo:
-Me llamo Gio, esta es mi tarjeta. Llámame y vemos como termina esta historia.
Nunca he vuelto a verle.
P.D. Todo lo que quieres puede hacerse realidad. Pídelo y tus deseos serán concedidos.
¿SEXO VIRTUAL?
Me había mandado un mensaje. Estaba intrigado por cómo terminaba mi historia. Un error en el modo de contar mi relato me llevó hasta él. Un desconocido con ojos de gato. Me dejó su pregunta y a la vez me abrió las puertas a su intimidad, una web personal. Una ocasión perfecta para dedicarle todo mi cuerpo de forma virtual. Me había excitado con sólo pensar que había más gente que al fín podía compartir mis experiencias. Gracias
Un concierto
Siempre me ha gustado que mis parejas se masturben delante de mi, pero nunca lo había experimentado con una desconocida. Para pasar el verano decidimos alquilar una casita con piscina, la Chemin du Riou Merlet. Una preciosa villa con apartamentos para turistas y mucha gente joven. Nos sorprendió a nuestra llegada la cantidad de treintañeros que había allí ya que son unos alojamientos muy caros, pero al fin y al cabo nosotras todavía no habíamos pasado la barrera de los 30 y también estábamos allí. Llevábamos 3 días en la playa, de compras, en fin de turistas... hasta que los españoles del 4ºH se les ocurrió hacer una barbacoa con concierto en la piscina. A las 6 de la tarde decidimos pasarnos por la fiesta y nos esperaba una grata sorpresa: se trataba de un encuentro nudista, un encuentro nudista internacional, allí había más de 15 nacionalidades: españoles, italianos, suecos, franceses, argentinos, portugueses, noruegos...y en medio de todos ellos estaba ella. Rubia, con la piel de porcelana y los ojos verdes, mirándome fíjamente. Nunca me han atraido las mujeres, pero ella había dejado de tener sexo por un momento. Empezó a tocarse el pecho, a relamerse, a girar la cabeza manteniendo la vista fija en mi. De pronto abrió las piernas y empezó a masturbarse. Yo sabía en cada momento lo que estaba sintiendo por la forma de mover sus manos. Se acariciaba el clítoris en círculos con movimientos cortos y presionando cuando la intensidad de sus caricias le recorría todo el cuerpo. Después cuando ya estaba tan excitada que parecía que iba a correrse, paraba para hacerme partícipe de su locura, lamiéndose los dedos y recorriéndolos por toda su piel.
Se escuchó un grito de alguien que había saltado a la piscina y la perdí de vista. Me sentía defraudada por que me había dejado con la sensación de un polvo no finalizado, a medias. Hasta que vi como se acercaba a mí, me rodeó y empezó a lamerme el cuello.
Se escuchó un grito de alguien que había saltado a la piscina y la perdí de vista. Me sentía defraudada por que me había dejado con la sensación de un polvo no finalizado, a medias. Hasta que vi como se acercaba a mí, me rodeó y empezó a lamerme el cuello.
Strip-poker
Una noche tranquila entre amigos. Algo suave para comer, copas y marihuana. Una noche de alcohol, risas y relax. Todo estaba relajado hasta que se nos fue de las manos. No sabría decir el momento exacto ni el porqué, pero se nos fue de las manos. Decidimos jugar una partida de strip-poker, una al aire libre, con la luna de testigo y unas siete personas más. Ya ni siquiera habíamos dejado espacio al rubor, nuestras mejillas estaban sonrosadas por culpa del desenfreno. Una copa más y ya había perdido toda la ropa, tan sólo conservaba un sujetador y un tanga de color fresa. Los comentarios a cerca de mi pecho ya habían dejado de sofocarme y me hacían gracia, hasta que llegó él. Entró como un Dios, se llenó todo a su paso a la vez que desaparecía el resto. Su forma de caminar desvelaba su seguridad, su firmeza y ese cigarro de medio lado de pronto me volvía loca. Empecé a revolverme en la silla, como buscando rozar mi cuerpo con algo y acabar con el calor que me invadía.
-Te toca, ¿qué te pasa te has quedado dormida.
No estaba dormida, estaba como se dice vulgarmente encoñada.
-Ya voy, pero que sepais que si vuelvo a perder no pienso quitarme el tanga.
Pero unos minutos más tarde, todos estaban recriminando mi actitud y me pedían a voces que cumpliese con mi parte del trato.
-Yo lo hago por ti. No podía creerlo. Él se había levantado de su rincón y venía hacia mí con el rostro imperturbable. No pude ni moverme, ni oponerme, mientras él se agachaba y dirigía su boca hacia mi ropa interior. Apoyó sus manos en mis muslos desnudos y con los dientes empezó a bajarme el tanga con los dientes. Nadie podía creerse lo que estaba pasando y yo tampoco, pero ya me había enganchado su juego y decidí ver hasta dónde sería capaz de llegar. En un momento descubrí que era capaz de eso y mucho más. Cuando estaba con su boca a la altura de mi vello, sacó la lengua y la pasó por mi vagina. !Dios, creí que explotaba en ese momento!, pero me esperaba lo mejor. Subió rápidamente mi tanga y les dijo a los demás:
Esta partida la jugamos los dos sólos
Después me cogió del brazo...
-Te toca, ¿qué te pasa te has quedado dormida.
No estaba dormida, estaba como se dice vulgarmente encoñada.
-Ya voy, pero que sepais que si vuelvo a perder no pienso quitarme el tanga.
Pero unos minutos más tarde, todos estaban recriminando mi actitud y me pedían a voces que cumpliese con mi parte del trato.
-Yo lo hago por ti. No podía creerlo. Él se había levantado de su rincón y venía hacia mí con el rostro imperturbable. No pude ni moverme, ni oponerme, mientras él se agachaba y dirigía su boca hacia mi ropa interior. Apoyó sus manos en mis muslos desnudos y con los dientes empezó a bajarme el tanga con los dientes. Nadie podía creerse lo que estaba pasando y yo tampoco, pero ya me había enganchado su juego y decidí ver hasta dónde sería capaz de llegar. En un momento descubrí que era capaz de eso y mucho más. Cuando estaba con su boca a la altura de mi vello, sacó la lengua y la pasó por mi vagina. !Dios, creí que explotaba en ese momento!, pero me esperaba lo mejor. Subió rápidamente mi tanga y les dijo a los demás:
Esta partida la jugamos los dos sólos
Después me cogió del brazo...