Ese olor
La calle estaba desierta, desierta y muy oscura. Casi daba la impresión de que se iba cerrando a medida que Rodolfo iba dando cada paso.
Se encendió un cigarrillo y se levantó las solapas del abrigo hasta llegar a taparse el cuello por completo, y hasta la cara. El frío que hacía esa noche era comparable al frío que se podía sentir en el polo, y Rodolfo ya tenía los huesos calados de tanto andar.
Y fue en ese mismo momento, con el frío metido hasta en las entrañas, cuando se dio cuenta de que una sombra había salido del único portal que podía verse en toda la calle y se encaminaba muy deprisa hacia la Iglesia de la plaza. Decidió seguirle. Quizá fuera esa la pista que tanto tiempo llevaba esperando. Quizá fuera la clave que le daría la solución a tanto tiempo de incertidumbre.
Unos días antes, Rodolfo había recibido una carta en su domicilio en la que le citaban a esta misma hora, en esta misma calle desierta. No ponía nada más, sólo que estuviera allí y no se arrepentiría.
Así que él, siempre obediente, había acudido a la cita sin saber muy bien ni por qué ni qué era lo que le atraía hacia ese lugar. Verdaderamente no sabía bien qué era, y no lograba adivinarlo, pero ese olor le devolvía a tiempos pasados.
Se giró y volvió sobre sus pasos.
No quería volver a ese olor ni a esas tiempor pasados. lo decidió en el mismo momento en el que una gran trsiteza le envlvió y sintió un ligero mareo dede la cabeza hasta el útimo dedo de sus pies.
no volvería a ese lugar se lo dijera quien se lo diera.
Tan adorable que siempre...OS QUIERO.
Se encendió un cigarrillo y se levantó las solapas del abrigo hasta llegar a taparse el cuello por completo, y hasta la cara. El frío que hacía esa noche era comparable al frío que se podía sentir en el polo, y Rodolfo ya tenía los huesos calados de tanto andar.
Y fue en ese mismo momento, con el frío metido hasta en las entrañas, cuando se dio cuenta de que una sombra había salido del único portal que podía verse en toda la calle y se encaminaba muy deprisa hacia la Iglesia de la plaza. Decidió seguirle. Quizá fuera esa la pista que tanto tiempo llevaba esperando. Quizá fuera la clave que le daría la solución a tanto tiempo de incertidumbre.
Unos días antes, Rodolfo había recibido una carta en su domicilio en la que le citaban a esta misma hora, en esta misma calle desierta. No ponía nada más, sólo que estuviera allí y no se arrepentiría.
Así que él, siempre obediente, había acudido a la cita sin saber muy bien ni por qué ni qué era lo que le atraía hacia ese lugar. Verdaderamente no sabía bien qué era, y no lograba adivinarlo, pero ese olor le devolvía a tiempos pasados.
Se giró y volvió sobre sus pasos.
No quería volver a ese olor ni a esas tiempor pasados. lo decidió en el mismo momento en el que una gran trsiteza le envlvió y sintió un ligero mareo dede la cabeza hasta el útimo dedo de sus pies.
no volvería a ese lugar se lo dijera quien se lo diera.
Tan adorable que siempre...OS QUIERO.





