Es noticia de actualidad la última semana.
Los serenos van a volver a las calles, después de más de 30 años.
El barrio madrileño de
Chamberí ha creído pertinente volver a crear a este cuerpo especializado, cuyas funciones son orientar a las personas perdidas y a los turistas, acompañar a sus casas a personas ancianas, discapacitadas o indispuestas, y ahuyentar a los merodeadores o posibles delincuentes, avisando a la policía, bomberos o ambulancias si es necesario.
Esta solicitud ya ha creado
polémica debido a que el Ayuntamiento de Madrid considera algo peligroso armar a estos profesionales (que comenzarán siendo 20, y controlarán ocho manzanas cada uno), que son en teoría, personas de confianza de los vecinos, pero sin una cualificación puesta a examen, según algunos concejales del consistorio.
El sereno es una figura heredada del siglo pasado y tenía como misión, además de todo lo apuntado, abrir las puertas de los portales de las casas a la gente en caso de necesidad (haciendo tan característico ese aro inmenso plagado de llaves de todas clases). Su figura resultó útil hasta mediados de los 70, cuando los porteros automáticos hicieron casi inútil su labor. No obstante, y esto es lo destacable, los serenos volvieron a hacer acto de presencia a mediados de los 80. Fue un intento fallido de revivir una profesión que siempre se ha considerado úitl, familiar y entrañable.
Parece que después de 20 años, las iniciativas de ciudades como
Gijón (a partir de 1999),
Vitoria y
Barakaldo (2005) han hecho animarse a los madrileños. El sereno del siglo XXI ha renovado su indumentaria, cambiando las chaquetas oscuras y el candil por un visible chaleco reflectante, como vemos aquí abajo.

